miércoles, 26 de agosto de 2015

ALBERTO DE TRINIDAD (Managua, 1916) ARTISTA DE LA ESTAMPA, AGUATINTA, AGUAFUERTE... LINÓLEO

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Alberto de Trinidad, triunfador en México en el arte del grabado
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ARTISTA NICARAGÜENSE DONA SU OBRA A NICARAGUA. En: La Prensa Literaria. Sábado, 30 de mayo de 1982.

    El artista nicaragüense radicado en México, Sr. Alberto De Trinidad, a través del escritor Napoleón Fuentes, agregado cultural de Nicaragua en México, donó al Instituto Nicaragüense de Cultura una serie de dibujos y grabados de su autoría; estas obras fueron recibidas por la directora del Instituto Nicaragüense de Cultura, Lic. Gladys Ramírez de Espinosa, quien al mismo tiempo entregó al ministro-presidente del Banco Central de Nicaragua, Dr. Silvio De Franco, institución que tendrá las obras bajo custodia mientras se funda el Museo de Arte Nacional  de Nicaragua, que promueve el poeta Pablo Antonio Cuadra, lugar en donde tendrá su destino definitivo.


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    Entrevista con Napoleón Fuentes

    Ante nosotros, un artista del grabado: ojos, oídos, manos, percepción (todo sensibilidad), que en noviembre de 1989 inauguró la exposición de sus grabados –treinta en total—. Fue una donación al Museo de la ciudad de México. Desde entonces hemos hablado de Nicaragua, de esa nostalgia sin fin de los que se hacen a la mar con su mar de sueños encrespados. y un buen día decidimos hablar con el artista transterrado, para volver, a través de estas líneas, a su tierra de “encendidos oros”. Se trata del nicaragüense Alberto De Trinidad, quien en 1947 desembarcara en Tenochitlán, ávido de nuevas  y más amplias luces artísticas, alentado por esa corriente –que recorría América de los grandes muralistas y maestro del arte del “México mágico”. Originario de Managua (1916), su obra es prácticamente desconocida en nuestro país.

    La crítica en México se ha ocupado, y con entusiasmo, de la obra de Alberto De Trinidad. Transcribo, p. e. j., el sentimiento visual de Berta Taracena: “Maneja limpia y bellamente la estampación al aguatinta y al aguafuerte, así como el linóleo y la litografía”. Leamos el criterio de Enrique F. Gual: “Celebremos, en Alberto De Trinidad, la serie grabada, obra de por sí valiosa, particularmente las bellas litografías, sentida y dramáticas, muy bien   equilibrados sus negros y blancos. Inspirados en la escena popular, sin profundizaciones en el interminable venero plástico del pueblo, expresadas con sinceridad, cariño y visión de conjunto. El resultado es, pues valioso”. Por su parte, Almingus ha escrito: “Tal vez en la litografía es donde acierta con mayor frecuencia a encontrarse plenamente; su extraordinaria riqueza de trazo, la permite en ésta dominar la luz y  toda expresión”.

    Como grabador, recibió en 1963 el premio “Ignacio Cumplido”, que entonces entregaba la Secretaría de Educación Pública de México. En lo que a museos se refiere, hay otras obras suyas en el Museo de Arte Moderno de México, en la Biblioteca del Congreso de Washington y en el Museo de la ciudad de México.

    De Trinidad, a través de su largo oficio en la plástica, ha trabajado la pintura, el dibujo, el grabado. De este último nos ocuparemos en esta oportunidad, ni sin antes hacer mención –a manera de despejar dudas sobre este quehacer artístico, que aún perviven entre ortodoxos despistados— de lo que Octavio Paz asienta en Los Privilegios de la vista: “La idea (falsa) de una supuesta jerarquía de las ares, dentro de la cual el grabado es un género menor. Para disiparla basta con pensar en los grabados de Durero, Rembrandt, Seghers, Piranesi, Goya, Daumier, Redon”. E interroga: “¿Quién se atrevería decir que El caballero, la muerte y el diablo o El coloso son obras menores?”-

    NAPOLEÓN FUENTES: En Nicaragua, qué era de su vida, de esa encrucijada que nos impone el destino, ese que calla para ver qué decidimos y luego imponer sus propias reglas de juego.

    ALBERTO DE TRINIDAD: En primer lugar yo podía decir que nací con la vocación del dibujo, de la pintura. Comencé a dibujar desde pequeño: me dieron papel y lápiz y fue mi distracción principal hacer monitos; mientras fui creciendo naturalmente me fui automejorando, digamos, porque a fuerza de hacer monitos hice cosas mejores. Para entonces ya mis tías, mis primas, mis padres me encargaban trabajos, que hazme un paisaje, que píntame una falda. Una tía que iba mucho a la Iglesia: por favor píntame estas cortinas para el Santísimo, voy a llevarlas a la Iglesia, o dibújame este mantelito para la Virgen. Y yo pintaba y dibujaba todo lo que me daban.

    NF: En una ocasión me dijo que había estudiado una carrera universitaria, más que todo para complacer a sus padres, como suele sucederle a los artistas, “complacer”, corriendo con esto el riesgo de quedar atrapados en la telaraña del compromiso, viviendo del recuerdo, cada vez más pesado, de “las ilusiones perdidas”.

    ADT: En efecto, fue en la ciudad de Granada, donde fungía la Universidad de Oriente y Mediodía, como le llamaban. Yo dije para mí: qué estudio, si lo que me gusta es pintar. No quiero ser médico, ni abogado, ni ingeniero; no me gustan estas carreras, pero en fin, para satisfacer a la familia voy a estudiar química-farmacéutica, una profesión más rápida, más sencilla, menos presionada, tranquila. Era asunto de meterse a una farmacia, hacer medicinas en el mortero y eso era todo, tranquila, bonita, sin andar con los líos de los juzgados o de los hospitales, en eso de que se muere que no se muere un paciente. Entonces estudié farmacia, pero ya predispuesto a uno practicarla. Sin embargo, la practiqué unos cuantos años, haciéndome cargo de farmacias en Granada –aún antes de terminar la carrera—, entre ella la Farmacia Alvarado, famosa en aquel tiempo. Luego mi fui a Managua donde me ofrecieron trabajo en la Cementera como químico analista, lugar donde trabajé 5 o 6 años; mientras tanto hacía mis ahorros para venirme a México, alentado por artistas que apreciaban mi trabajo de dibujante, de pintor, entre ellos el maestro Genaro Amador Lira, de quien le hablé en otra oportunidad, escultor que estuvo en México por un buen tiempo, se regresó a Nicaragua para luego volver a México, por el año en que llegó al poder el presidente Miguel Alemán. Fue el primer director de la Escuela de Bellas Artes de Managua, y más que eso, su fundador, o por lo menos uno de sus fundadores. E hizo, además, que se fundara la Escuela de Teatro y Danza, que funcionaba adscrita a la EBA.

    Al llegar a México, mi propósito era quedarme un año o dos a lo sumo, para estudiar dibujo, pero al encontrar oportunidades tan amplias fui postergando mi regreso, y pasó un año, dos, tres, pasaron más, y me fui quedando, entre estudios y maestros de grabado, que prolongué luego en la Escuela Nacional de Artes Gráficas y en la Escuela de Artes del Libro.

    NF: En Nicaragua, ¿realizó estudios académicos de pintura o dibujo?

    ADT: Sí en la Escuela de Bellas Artes de Managua.

    NF: Sabemos que usted es pintor, dibujante, grabador. ¿Con cuál de estas tres disciplinas de la plástica se identifica más?

    ADT: Básicamente con el dibujo, pese a que el grabado lo desarrollé con mucho ahínco desde que hice mis estudios en México en la Academia de San Carlos.

    NF: ¿Cree usted que --- puede ser un medio –uno de tantos— que el hombre alcance algún nivel de libertad?

    ADT: Claro que sí, el arte es cien por ciento libre; el arte con cadenas, con intereses preconcebidos que satisfacer no se llamaría arte, cualquier cosa, menos arte. El verdadero es el que toma su oficio como parte esencial de su vida, porque si lo toma como un medio para alcanzar determinados fines –monetarios, políticos, etc. —, el resultado será una engañifa para sí, ya que a los que lo rodean no podrá engañarlos siempre. Luego luego se ve, se palpa, que lo que está haciendo es manejar con argucias un pobre y mediocre pincel con alarde de pomposidad, chillante, para efectos momentáneos de deslumbre, nada más. Dicen algunos mercaderes: "Hay que manejar un cuadro, la obra que uno va trabajando. Hay que manejarse”. ¿Manejarse ante quién? Bueno, yo considero que ante los poderosos para obtener algún favor.

    NF: Volviendo a su formación artística en Managua: ¿además del escultor General Amador Lira, que le ayudó en su formación, recuerdo otro? O de la Academia de San Carlos, ya aquí en México.

    ADT: En Nicaragua ya lo mencioné. En la Academia de San Carlos, un maestro español, Antonio Rodríguez Luna, dibujante y pintor magnífico, influyó en mí con su dibujo; el otro es Benjamín Coria, maestro mexicano formado en Italia; en el grabado, Francisco Díaz de León, ya en la Escuela de Artes Gráficas,  y Ángel Zamarripa. Claro que hubo otros, pero éstos fueron los básicos.

    NF: Me gustaría que habláramos un poco directamente de sus grabados. He notado que entre las diferentes técnicas del grabado, la litografía a lápiz graso es la que más abunda en su obra. Siendo así, me gustaría dijera en cuáles ha tenido más dificultad, mayores problemas de solución: en el linóleo, la madera, punta seca, que son las que sobresalen en su obra ya de muchos años.

    ADT: Me parece que las he trabajado con igual gusto, con relativa facilidad; yo diría que la diferencia puede ser más bien en el gusto, tengo muchísimo gusto en trabajar más la litografía a lápiz que la litografía en otras técnicas. La razón es sencilla: yo soy, como antes lo comentaba, esencialmente dibujante; trabajo la pintura, el grabado, pero por lo que más me inclino y lo mejor trabajo, creo, es el dibujo, y la litografía a lápiz es la que más se parece al dibujo en sí.

     NF: ¿Qué épocas de su vida las considera más agradables o más desagradables, en este “rápido tránsito” como diría el poeta Coronel Urtecho?

    ADT: Más agradables, ¿qué será? Pues tiene que ser cuando decidí mi estancia en México, mis primero tiempos en que todo eran balbuceos, pruebas difíciles, cuando todo quedó definido y decidí quedarme, yo diría que esos fueron momentos felices, uno de los más felices de mi vida, cuando ya me sentí firme de seguir con lo que inicialmente me identificaba, las artes plásticas. Ahora, el más desagradable, yo no calificaría como especialmente desagradable ningún momento en mi vida, porque aun los momentos difíciles me parecen naturales, haberlos vencido, haberlos sobrepasado y haberlos dejado atrás, eso me parece natural, así que no los calificaría de infelices.

    NF: La donación que por mi medio ofrece para enriquecer el acervo artístico de Nicaragua, trata de grabados, tal como me los ha dado a conocer. ¿Hay algo más?

    ADT: No solamente grabados, hay pinturas, dibujos; es una buena parte de la totalidad de mi obra que he conservado con celos esperando una oportunidad como ésta. Se trata de una donación que quiere ser un grano de arena que yo deseo poner en el futuro cultural de Nicaragua.

    NF: Me gustaría que habláramos un poco acerca de sus cuadros, tocar alguno. Por ejemplo yo siento en este grabado DESOLACIÓN, ese desgarramiento interno, lento, burilado a paciencia de muchas vidas en una. Leamos: tres personas, dos mujeres y un niño, apenas con las huellas de un pasado que se ocupó de su exterminio (sugerido y vivo a un tiempo), hasta quedar sólo una cerca destartalada, que algún día sirvió para resguardar el jardín campestre de un hogar, porque el campo viene siendo el testigo mudo, ciego y  sordo donde se retrata esa desolación, con unos cuantos magueyes a su alrededor, partícipes también de ese momento en que las dos mujeres caminan apresuradas, en terca negación a dar la cara (verdadero rostro de la desolación, en este caso), y un niño que camina jalado por una de ellas, asido por su manita izquierda a la larga falda de la que va atrás. Una huida en la desesperación que las acompaña, agregado al niño que se aferra por instinto milenario, como la tierra que lo sostiene. ¿Y por qué apresurado? Porque ya no pudieron con ella, porque hasta el occipucio les envolvió, porque ya nada quedaba de los tres.

    Permítame otro comentario: se trata de NOCHE DE MUERTOS EN JANTIZIO. Aquí es evidente el reiterado tema de la muerte que nos dejó en su obra ese titán del grabado mexicano, José Guadalupe Posada. Sin embargo, en su NOCHE DE MUERTOS EN JANITZIO hay unas “veladoras” con una carga de tristeza, propia de los deudos, sin esa “irreverencia” que casi siempre encontramos en Posada: la calavera llorando o bailando o emborrachándose. La muerte en su jolgorio. Hay variantes en el tratamiento de lo acontecido, propio de un ojo avizor, en este caso el suyo, de lo que no se debe repetir. Es una notoria variante a la “fiesta” del día de los muertos que se da aquí en México.

    ADT: Sí eso es. Respecto al grabado DESOLACIÓN el comentario suyo describe la obra, y me queda muy poco que agregar, pues así como usted dice, eso es DESOLACIÓN, es la miseria ancestral del oprimido en el mundo, rodeado de un paisaje desolado, desértico, sin que aviste todavía ningún momento de salvación o de redención, va desamparado, y a eso se debe su título. Allí no hay redención, ni se prevé ni se vislumbra.

    En cuanto a la NOCHE DE MUERTOS EN JANITZIO las diferenciaciones de que habla es algo que debe tomarse muy en cuenta al trabajar una obra, porque ciertamente un artista poco avisado puede caer en esa red de la imitación, especialmente cuando se trata, como usted dice, de un artista de la talla de Posada. Es a lo que se enfrenta todo artista, y es ahí donde necesita ampliar su visión para salvar escollos de esa naturaleza, para superarlos cuando se está en la tarea de plasmar una obra.

    NF: Tratando de ese momento, de esos momentos de pensar una obra, de hilvanarla emocional y mentalmente, o de esas que llegan de golpe, ¿el artista deberá contener sus ímpetus creadores, constreñirse por cánones o preceptos de alguna índole?

    ADT: No, el artista no tiene por qué someter su obra, dejarla al arbitrio de una imposición, una ruta dada en forma preconcebida; tendría resultados fatales, porque la característica básica del artista, de la obra de arte, es la libertad absoluta, total; el arte no puede soportar barreras, ni lazos de ninguna clase. Para el arte, veo que lo más saludable es hacer uso de esa libertad, porque sólo así podrá mantenerse vivo, fresco. Ensombrecer la imaginación del artista es dejarlo solo, desamparado dando vueltas en el “qué dirá el poderoso, el omnipresente, el omnisciente”. Más: “será de su agrado, qué humor le acompaña este día, qué pensara o cómo andará su temperamento hoy". Papel pobre y triste, no?

    Al dar término a esta conversación, el artista Alberto De Trinidad nos reitera que en breve hará una hermosa y preciada donación de sus obras al pueblo nicaragüense, mismas que podrá degustar en el Museo de Arte que promueve el poeta Pablo Antonio Cuadra, y que pronto –si Ares lo permite— veremos en funciones adecuadas.

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    N.B.: Entre la abundante participación de Alberto De Trinidad en exposiciones dentro y fuera de México, anotamos:

         a) Individuales:

         —Grabados y Dibujos de Alberto De Trinidad. Galería del Instituto de Arte de México. D. F. Abril de 1957.

         —Exposición de Grabados e Ilustraciones de un libro de poemas. Instituto de Arte de México, México D. F. 1958.

         —Exposición de Alberto De Trinidad. Escuela Nacional de Artes Gráficas. México D.F. 1970.

         —Litografías de Alberto De Trinidad. Noviembre de 1989. Museo de la ciudad de México.

         b) Colectivas:

         —Exposición de Grabados. Intercambio entre México y  Japón. En Mitsukoshi, Nihon-Bashi, Tokio Julio de 1959.

         —Festival de Cultura Mexicana. Exposiciones de Pintura y Grabado. La Habana, Cuba. Diciembre de 1959.

         —Grabado de México. Exposición, Diciembre de 1965. Oslo, Noruega.

         —Art Contemporain du Mexique Peintures. Gravures Résidence du Louvre, París Aotu-Septembre 1966.

         —Primer Salón Nacional de la Estampa. Primera Exposición en el INBA. Diciembre 1971-Enero 1972. Palacio de Bellas Artes. México, D.F.

         —El Senado de la República Mexicana Presenta a la Escuela Nacional De Artes Gráficas CETIS No. 11 Exposición. Grabado Contemporáneo Senado de la República. Marzo de 1984. México D.F.

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domingo, 23 de agosto de 2015

EL CASO DE RODRIGO PEÑALBA. Por: Luis Arce.En: Nicaragua. Revista Mensual Ilustrada. Vol. 1. Núm. 2. Octubre de 1934.

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DON RODRIGO PEÑALBA. Caricatura 1934. 
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En broma y en serio

    El caso de Rodrigo Peñalba, desde luego, no es el caso del “Dr. Jikele y Mr. Hyde”; pero a pesar de todo tienen cierta similitud, porque debemos separar en Rodrigo Peñalba la personalidad que tiene como boticario y la que ostenta, con cierta humildad, como artista de nota.

    Rodrigo, para nuestra inquietud, vale más como caricaturista y dibujante que como boticario; aunque para los efectos de “la ineludible pana del mercado”, tanto en su actual hogar como en el futuro de su futura consorte –exigente consumidora de telas y alimentos— es preferible un boticario bien alimentado que cien Ramones Matus volando.

     Ahora tenemos que Rodrigo quiere dar de patadas al boticario para que el artista pueda tener libres las alas y emigrar, como los patos de la Legarloff, para los países llenos de promesas que bañan las aguas del Báltico y del Adriático. Quiere vivir en Europa, conseguir que, en el Museo de Louvre expongan cuadros suyos y dar nueva honra y gloria a está ínfima patria.

     En ese caso, los jabones turcos, la ipecuana, y las píldoras de Bristol perderían su más entusiasta y afortunado expendedor; pero Nicaragua pondría en el tapete de la suerte la ficha de una nueva celebridad.

     A este Rodrigo Peñalba le suceden las cosas más divertidas. A veces esgrime el lápiz para pergeñar una caricatura, y comenzado ya el primer trazo, aparece en el umbral de su botica una maritornes que pregunta por una cuarta de aceite de Castor, y entonces el lápiz en vez de rematar la figura diseñada, cae implacable y dolorosamente sobre el papel, escribiendo, después del signo de pesos, 0,25.
     Ocurre también que cuando está terminando una pintura al óleo, oye decir:

     ─ Dos centavos de aceite fino.

     Y en vez de meter el pincel en el color adecuado, se equivoca y lo destiñe en el frasco del producto farmacéutico, por aquello del nombre latino del aceite. 

     ¿Qué hacemos con Rodrigo Peñalba? La pregunta es difícil de contestar. Pero lo más prudente y noble sería expulsarlo de Nicaragua con una pensión que le permita vivir en los países donde conquistaría renombre para esta pobre patria.

     Ya que el Jefe Director de la Guardia tiene su equipo de base ball, también es justo que el Presidente Sacasa se preocupe por pensionar, con el nombre de “Pensión Sacasa”, a un joven que más tarde haga inolvidable esta protección, como la de Mecenas que pasó a la posteridad gracias a los artistas a quienes su dinero proporcionó sus frijoles y arroz diarios.

     Hago moción en ese sentido. Y si no se aprueba, por lo menos que se permita incluir en las efemérides del país, mi voto razonado.


     Señor Presidente: Con el grado de Mayor, (porque es el Mayor de nuestros caricaturistas) ponga de alta en la G.N. a Rodrigo Peñalba y transfiéralo a Europa para que allá preste sus servicios en el área de la inmortalidad. 

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* Revista en Archivo Hemerográfico "Dr. Eduardo Pérez-Valle".

sábado, 8 de agosto de 2015

SEIS PINTORES, SEIS IDEAS. Por: Hugo Palma Ibarra. En:

Prensa Literaria. Sábado 28 de Marzo de 1992.



  En 1952 mi padre Idelfonso Palma Martínez, encargó a la escultura Edith Grön un águila que él colocó en lo más alto de su casa, la que entonces fue conocida públicamente como casa “El Águila”.

    En 1972 el terremoto de Managua destruyó también esa casa y paradójicamente sólo quedó de ella su parte más alta, el águila que voló hasta el kilómetro 6 ½ de la carretera sur y ella también dio su nombre al modesto rancho “El Águila”.


POR QUÉ GALERÍA EL ÁGUILA

    Por medio de esta hermosa e histórica escultura, quiero rendir homenaje a una gran artista.  Rendir homenaje a una gran artista requiere un gran compromiso y he aquí el primer paso de ese compromiso con el surgimiento de esta galería que es un compromiso con la gran artista desaparecida, un compromiso con el artista y un compromiso con el público.

PARA QUÉ GALERÍA EL ÁGUILA

    Quiero permitirme de explicar que siendo galería El Águila el primer paso de un compromiso, es como la punta de un iceberg, de un compromiso más profundo de algo que está debajo, latente, en ebullición. Es galería El Águila un espacio para presentar algunas propuestas de un artista o de unos artistas que la experiencia que creo haber adquirido por el tiempo y mi trabajo, me vayan orientando en el camino. Decía que galería El Águila es como la punta de un iceberg, de algo que está escondido, profundo, aún invisible. Todo eso que está latente no es otra cosa que la necesidad que siento en retomar las experiencias del pasado, y cuando hablo de pasado me estoy refiriendo a los talleres del renacimiento.

    El artista en esa época no trabajaba para presentar su obra en una galería ni trabajaba para tener su obra en un museo. Los museos y las galerías son fenómenos posteriores. El artista-aprendiz, trabajaba bajo la conducción de un maestro en el taller, al cual se le encargaba un trabajo ya fuera para una iglesia, un convento, un centro cívico, un palacio ducal, etc., por parte de un papa, un obispo, de un príncipe, de un mercante, etc. Por eso el taller o los talleres El Águila de un futuro más o menos próximo, pretenden actuar en esa doble dirección: la galería para presentar la creación individual o colectiva de algunos artistas y los talleres para recibir encargos directos de varios sectores de la vida nacional. Hace conciencia ciudadana de la importancia del arte en el crecimiento armónico del país y darle nuevamente la importancia y la dignidad que el artista tuvo en ese pasado gloriosos del renacimiento italiano.

    Para eso galería El Águila ahora.
    Para eso talleres El Águila después.

SEIS PINTORES, SEIS IDEAS


    Galería El Águila presenta en su primera exposición a seis pintores con una experiencia diferente por razones de formación, por razones de la propia vida. Algunos de ellos con una experiencia en el extranjero como Michael Palma, que vive en Washington y ha estudiado en la Academia Corcoran de esa ciudad. Mauricio Llanes que vive en Miami y ha estudiado artes gráficas en el Estado de Louisiana. Otros como Orontes Orozco graduado de médico-cirujano en la UNAN de León, autodidacta, David Espinosa, profesor en la Escuela de Bellas Artes de Managua, Antonio Aburto, con un currículum personal de varias exposiciones; ha vivido en el país,  y yo, Hugo Palma Ibarra con una larga trayectoria en Italia en los años 60-70 y  desde el año 1978 mi permanencia en el país hasta la fecha en que puedo reunir a estos artistas que presentan sus obras por vez primera en galería El Águila.

    Galería El Águila mantendrá en permanencia obras de estos artistas que ahora presentan sus trabajos y será un centro para promover especialmente a nuevos y talentosos artistas. Propósito también de galería El Águila es el de presentar en el futuro la obra de artistas extranjeros especialmente de los países centroamericanos y también algunos artistas italianos con los cuales estoy en contacto y conozco su desarrollo.


    Otro programa es el de presentar proyectos-IDEAS para obras públicas (lo que es ya un antecedente de lo que se propone ser los talleres El Águila), como proyectos o IDEAS de murales, fuentes, plazas, etc., una IDEA que pueda ser aceptada y patrocinada por los varios sectores del país ya sean estos, gubernamentales, comunales, empresariales, particulares.


    Quiero invitar en esta oportunidad al público para que visite galería El Águila ya que sus puertas (o sus alas) están abiertas. 

Nuestros artistas y la crítica extranjera EL PINTOR NICARAGÜENSE HUGO PALMA IBARRA. En:

La Opinión. Los Ángeles, California. Agosto de 1981.

Por: Octavio R. Costa



   Un día al pasar por el periódico para dejar mi crónica y recoger el ejemplar del día y la correspondencia me encontré con él. Me estaba esperando. Alto, delgado, cetrino. Me lució distinguido aun en mangas de camisa. Pero lo que me impresionó de él fue la bondad que emanaba de su rostro. Me dijo que era pintor. Que había nacido en Nicaragua. Se llamaba Hugo Palma Ibarra.

   Le dí el teléfono de mi oficina para que me llamara a fin de consultar mi complicada libreta de citas y señalar un día para vernos.

   Le convenía que fuera en “La Opinión”. Y así fue. Me recibió con una sonrisa de agradecimiento y yo me dispuse a escucharlo. Quise saber de él. Nació en 1942. Teniendo veintidós fue que empezó la pintura. ¿Cómo tan tarde?

   Lo que ocurrió es cosa curiosa. Ya bachiller, graduado en el Colegio La Salle, su padre, que era Juez, y que murió en 1978, lo mandó a Italia, en 1960, para estudiar medicina en la Universidad de Florencia. Y Hugo estudió por cinco años. Y le faltaba poco. Pero mientras tanto la magia de la ciudad lo trastornaba, lo atraía. Era algo que no podía ignorar. En consecuencia, abandonó la carrera. No le pregunté la tremenda reacción que deber haber provocado en su progenitor y en toda la familia.

   Empezó a dibujar. Después a pintar. No tomó clases. Confundido con los estudiantes que si estudiaban. Pintaba temas latinoamericanos, con predominio del estilo maya. Y no sólo creaba, sino que exponía. Y vendía. Será después que asistirá a la Escuela de Artes Ornamentales T. Jácome, de Roma, para estudiar pintura al fresco. Estudió por tres años. Empieza a explicarme cuestiones técnicas. Yo las entiendo, pero no es cosa de trasladarlas a los lectores. Y consumado el aprendizaje, hizo un buen uso del mismo. Es decir, pintó frescos.

   En 1978, dieciocho años después del día que salió para Florencia a estudiar medicina, regresó a Nicaragua. Llegó seis días antes de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro. Y allí estuvo hasta que tres años después vino a Los Ángeles en el pasado mes de marzo.

   Y poco días después de nuestro encuentro, a mediados de julio, retornó a su país. No encontró en California las posibilidades que se había imaginado. Por otra parte, creo que no trabajó nada en su tierra y entiendo que nada aquí pintó. Por lo pronto ya nada pude ver.

   Pero, ¿qué hizo en los años que vivió en Nicaragua? Ya sé que fue un tiempo difícil para el arte.

   Hizo dos exposiciones en el Instituto Nicaragüense de Desarrollo. Expuso en el Instituto Médico Psicológico Nicaragüense. Exactamente con la inauguración de este establecimiento. Después los acontecimientos que se precipitaron no le permitieron seguir exponiendo. Tampoco fue posible dentro de la nueva situación surgida en su país. No hubo oportunidad. Se vivían demasiadas tensiones y preocupaciones. No era posible.

   Después de que ya tengo una imagen de la trayectoria personal y artística de Hugo quiero saber más de él. ¿Qué pintaba desde Italia? ¿En qué consiste su arte? Empezó pintando paisajes toscanos. Habla de la suavidad de sus colores. Ha dado especial importancia a la figura humana. Aparte de la influencia latinoamericana, ya apuntada, señala en su pintura cierto acercamiento a la escultura.

   Después de esta primera etapa, viene la del frescor. Los hizo en la escuela en que estudió… Los pintó en casas particulares, en lugares públicos. ¿Qué temas? Una pintura social, con el deseo de presentar la problemática humana, abundan en sus obras los tipos proletarios. Ha aspirado a ser un intérprete de las nobles inquietudes de los humildes de nuestro tiempo.

   Hay  una tercera etapa. El tema de Roma. La Ciudad Eterna, le llegó a lo más hondo del alma y lo inspiró. Pero lo romano no excluía la preocupación social.

   Como no tengo nada suyo ante mis ojos, me atengo a su dicho,  y le pregunto cómo define su arte. Me contesta con un retruécano: —El contenido en la forma  y la forma en el contenido… bueno, eso es la esencia suprema y pocas veces lograda por los más grandes artistas de todos los tiempos y en todas las artes. En artes plásticas y  en literatura. No cabe duda de que cada asunto requiere un estilo propio.

   Me explica la importancia que para él tiene el contenido. Y el predominio de la materia en sus cuadros. Usa un óleo denso. Más que con pinceles pinta con brocha.  Usa mucho la espátula. Todo esto me va orientando. Eso de la simbiosis del fondo y de la forma me sigue gravitando. Hugo confiesa su filiación clásica. Lo clásico determina su obra. Sus dioses son Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Massacio, Giotto.

   No pinta lo que ellos pintaban, pero quiere pintar como ellos lo hacían. Es decir el vino nuevo en los viejos odres: ¿Qué vino nuevo? responde: —La problemática nacional…

   Pone en mis manos un cuaderno. Todo sobre él. Se inicia con su ficha biográfica y sigue con la relación de sus premios. Con esto las exposiciones. Es impresionante.

   Primero Italia. Luego Nicaragua. Imposible copiar. Se continúa con reproducciones de informaciones periodísticas de Italia. Veo los titulares con su nombre. Veo artículos dedicados a él por prestigiosos críticos.

   “Un nuevo nombre en la pintura nicaragüense: Hugo Palma”, dice “La Prensa Literaria”, de Managua, cuando aún estaba en Roma.

   Dentro del cuaderno encuentro la invitación para exposición suya.

   Expuso cuarenta obras. Vuelvo al cuaderno. Observo la reproducción de obras suyas. Efectivamente, el corte es clásico. El tema es actual. No cabe duda, es un gran pintor.

   ¿Qué estará haciendo en Nicaragua? ¿Por qué no volvía a Italia? le pregunté. Había vivido allá dieciocho años ¿No era acaso un extranjero en su tierra? Leo algunas de las declaraciones que hizo en Managua, de contenido político. Pero se produjeron antes de la situación actual.


  Pero Hugo Palma Ibarra es un artista y no un político por muy comprometida que sea su arte. Y un artista que pinta bajo el siglo de lo clásico. Es decir, la suprema serenidad de la forma, la magna armonía entre el contenido y la forma. 

lunes, 3 de agosto de 2015

POEMAS Y PINTURAS. OMAR DE LEÓN






No. 19 – ÉL (EN MONTE CALVARIO 1992, 27 Marzo, corregido 1996)

  Nosotros nos alejamos de El (Así fuimos, así somos y así seremos)

  Él se liberó de las sombras y lastres del barro.

  Nosotros quedamos girando empapados de aire,

  atrapados a este desavenir incómodo y arduo.

  Él emergió brillante del sepulcro donde aún yacemos entre presagios

  amortajados con la desventura del abrazo mortal y oscuro de la parca.

  En realidad quien entierra a sus muertos es Él, porque ¡nosotros 

  somos sus muertos!

  Aún hay sobresaltada poesía en un repicar de telefónico

  y cuánta más no habrá en el sonar de la fatídica trompeta final.

  Nos quedan tantos racimos y mitos sombríos para tragar y soportarlos

  Que no amerita cargar esto fardos y esta inútil tregua

  de nuestra noche de trinos empalagada, ruiseñores noctámbulos y  mieles en la tiniebla cataléptica,

  donde yacemos cobarde e incapaces por no enterrarnos a nosotros

  mismos

  para surgir airosos del sepulcro y aferrar el paraíso que aún existe

  abrumados de calamidad e infinitos pecadillos originales vivos,

  calientes

  y convulsos como aquellos peces rústicos que Él sacó fuera de las

  aguas

  del mítico mar de Galilea!







POEMAS Y PINTURAS. OMAR DE LEÓN





















POEMAS Y PINTURAS. OMAR DE LEÓN



















PAYASO Y TORO. (Mixta sobre madera). De Luis Urbina. 1990




MUJER. Obra de Efrén Medina. Ventana, 18 Marzo 1983.





domingo, 2 de agosto de 2015

ARMANDO MORALES EN “THE AMERICA᾽S COLLECTION”. Por: Sergio Dávila Castellón.* En: La Prensa Literaria. Sábado 2 de Mayo de 1992.

















Profesor Sergio Dávila Castellón

         Una extraordinaria exposición de pinturas y litografías del reconocido pintos nicaragüense Armando Morales, quedó inaugurada la noche del 10 de abril de los corrientes en la Galería The Americas Collection, en Coral Gables, donde asistió un público numeroso.

         Armando Morales es uno de los artistas de vanguardia de mayor envergadura y representa uno de los valores más cimeros de la plástica latinoamericana contemporánea. Su obra constituye uno de los aportes más genuinos por encontrar soluciones estéticas profundas dentro del vasto mundo pictórico de hoy. Resulta palmario que la pintura de Morales no es ni ha sido nunca el resultado de recursos trillados encajonados, de felices recetas o de amaneramientos técnicos limitantes, sino el de una paulatina y vasta red de asimilaciones de la naturaleza y de los museos, producto de una aguda reflexión intelectual unida a una larga experiencia y a una percepción visual fuera de lo común, que han ido dando forma a su obra hasta colocarla dentro de calidades tonales, lumínicas y texturales que han otorgado un efecto pictórico trascendente en sus cuadros.

         Desde sus inicios de hace más de cuatro décadas, el pintor se mantuvo durante casi dos de ellas dentro del campo de la abstracción constructiva, después de sus primeras incursiones dentro del realismo inicial en la Escuela de Bellas Artes con la certera orientación del maestro Rodrigo Peñalba. Después fue profundizado su arte hacia calidades pictóricas cada vez más amplias, donde los recursos técnicos y estéticos enfrentaban problemas del espacio y del sentido arquitectónico de las formas, ejecutando sus obras con gamas sobrias que no obstante recorrían y planteaban diversas insinuaciones cromáticas.

         Sin embargo, alrededor de la década de los 70, su pintura fue tendiendo otra vez hacia un paulatino figurativismo, abarcando poco a poco diversos temas que en realidad ya antes había tratado y que ahora renovaba con vigor y con una visión más lúcida y penetrante.

         Pero estos temas conservaron siempre elementos esenciales pictóricos que con anterioridad había desarrollado en su pintura abstracta, como la estructura formal rigurosa, la economía cromática, su precisión lineal y su constante inquietud por el problema espacial. Ahora su mundo pictórico se enriquecía con nuevos elementos y planteamientos estéticos, abría paso a nuevos contenidos dentro de un mundo mágico y metafísico que otorgaban naturalidad y contundencia a sus creaciones, hasta llegar el pintor a obtener efectos plásticos de la mayor hermosura y magnificencia en la calidad pictórica de la obra.


         Temas como el desnudo femenino, ubicado a veces dentro de complejas arquitecturas o fondos marinos, magníficos bodegones, tratados con agudeza lineal y delicado cromatismo, selvas amazónicas a veces tupidas o con troncos vibrantes de luz y color, escenas taurinas ejecutadas en formatos pequeños en pintura breve directa o casi directa, temas religiosos llevados a lo solemne y expresivo, han ido poblando sus telas en los últimos veinte años, enriqueciendo y consolidando su ya vasto mundo plástico cada vez más, tanto en su aspecto estético como en su contenido y en sus temas. Su obra es por lo tanto el producto de una mente amplia y artísticamente generosa que rechaza todo tipo de estancamientos. Es por ello contraria a la de otros que determinan su trabajo durante largas décadas dentro de ciertos límites técnicos, estéticos y temáticos. La pintura de Morales es abarcante en los más amplios sentidos y evade las limitaciones para ordenarse dentro de distintos géneros y en diversos efectos visuales que va dejando liberar poco a poco dentro de una evolución rica y penetrante. Nada es mecánico y frío. Si hay preconcepción, hay también espontaneidad, si hay razonamiento hay también intuición, si hay voluntad hay también abandono. Se reúnen en su obra elementos paradójicos que desembocan en un arte completo, íntegro y total, a la manera de los antiguos maestros, que consideraban el arte como una síntesis indisoluble de técnica, estética y contenido, manteniendo un vasto acopio de conocimientos técnicos-artísticos y humanísticos que unidos a una precisa observación de la naturaleza, mantenía siempre vivo y fresco el impulso creador, condiciones éstas indispensables del artista total.


         La obra de Morales ofrece un efecto de asimilación multicultural, rechaza todo tipo de ortodoxias pictóricas, pero absorbe las más valiosas influencias antiguas y modernas hasta depurarlas dentro de un nuevo resultado estético.


         En su pintura, los objetos son trascendidos de su inmediatez de tales para convertirse, por el concurso de la alquimia del tratado pictórico puro, en otra cosa, para ordenarse dentro de otros planos más allá del nuestro. La monumentalidad en la representación, el efecto de la intemporalidad y de silencio y la atmósfera de misterio que se aprecia en sus cuadros producen un ambiente solemne y evocan en alguna medida la obra de pintores tenebristas claros curales del Siglo XVII, si bien la atmósfera generalmente dorada en que éstos sumergían sus cuadros, es impulsada hacia el gris frío en muchos cuadros de Morales. Sus obras no valen, por lo tanto, por lo que en ellas está representado, sino por lo que está significado. El crea un mundo metafísico y lírico a través de sus temas, produce un ambiente extraño, ambivalente, a la vez intangible como el fantasma y material como la piedra, casi místico y casi físico, antiguo y actual, como la obra del viejo mago de Rembrandt, de los tiempos pasados, o como la del viejo brujo de Lee, de los tiempos modernos, que, juntaron elementos antagónicos en sus obras para producir con ello un asombroso mundo pictórico coherente dentro de una visión.


         En muchas de sus obras, Morales alcanza una delicadísima frescura en la ejecución, sin perder por ello la profundidad. Hay que saber lo que este hecho representa pues a veces se obtiene la frescura a costa de perder profundidad o se consiguen tonos profundos a costa de disminuir o aniquilar la espontaneidad. Morales es un pintor valorista, íntimo y semicromático. Es eminentemente arquitectónico, indiscutiblemente formal y evidentemente lírico. Aplasta la profundidad pictórica sin destruirla, para evitar el hundimiento de la vista en el fondo, supedita el color a la luz y atenúa en las grandes masas el efecto fuete de color para envolverlo en la jerarquización de valores tonales, obteniendo así un enigmático efecto sinergético de forma –luz— color en sus cuadros. Grises y luces se producen aparentemente tan sin fatiga, como emergiendo de sí mismo por transparencia de distintos colores, pero que en realidad fueron obtenidos por medio de un largo proceso técnico.

         El “ensuciamiento” del colores magros de base que él utiliza, con tonos grises diversos e incluso el negro, probablemente en alguna forma derivado del Tiziano, más el raspado subsiguiente y el resultante levantamiento parcial del fondo con sus posteriores  vigorizados de luz y sombra para remate del trabajo, confieren a sus obras de formatos mayores y un efecto añejo altamente dignificante del color e impecabilidad tonal y textual que aumenta considerablemente la acicalada calidad de su trabajo, y lo impulsa hacia el efecto de formas camufladas en que todo queda magnificado por el encanto y la magia del efecto final, reforzando el contenido poético y lírico de la ora. Pero estos contenidos, subjetivados por el pintor, no son deliberados, plenamente conscientes o previos, es decir, procurados, sino involuntarios, implícitos, ambiguos y subliminales, es decir, liberados, a los que el artista llega por la capacidad de saber abandonarse a la pintura en el momento del proceso creador, de dejarla escaparse de sus manos. Son, por lo tanto, contenidos que deja aparecer y no que provoca, sino en los que finalmente desemboca. Pero el factor pensante, muy determinante y presente en su obra, se opera seguramente con mayor agudeza en momentos diferentes al del momento creador, que sólo reclama el goce y la entrega.


         Es así como puede entenderse que su arte sea una constante preocupación de madurez pictórica y de meditación que por su propia naturaleza, libera extraño contenidos. Es una obra de reflexión, no de explosión, de expansión, no de pasión y de ahí su casi total alejamiento de cualquiera de las formas del expresionismo delirante.

         Causa verdadera satisfacción el contemplar y recorrer de cerca con la vista la superficie de las peculiares pinturas de Morales, detenerse en las finas texturas y hundimientos de colores disyuntivos, donde las transiciones pasan de un tono a otro en forma tan natural, ahogando formas y resaltando luce, creando incisiones dactilares, insinuaciones anatómicas, y vibraciones cromáticas, modelando las formas y modulando el color, todo lo que sugiere una realidad onírica que paraliza la vista y distrae las preocupaciones.


         En muchas de estas obras de Armando, sobre todo en las que el desnudo femenino está presente, ha alcanzado ya él una mágica euritmia pictórica de proporciones estelares dentro de y una concepción visionaria, donde el enigma y el símbolo ofrecen diversas interrogantes. Se puede entonces ya hablar del estro y la entelequia.

         Por ello es que muchas de sus pinturas se presentan a los ojos del espectador moderno como extrañas y valiosas preseas.

         Hoy Morales es considerado uno de los mayores artistas de América Latina y sus pinturas son pertenencias de museos y coleccionistas privados. En el mañana, él será sin duda uno de todos los tiempos, y su obra, Patrimonio de la Humanidad.

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*Breves datos biográficos sobre Sergio Dávila Castellón
         
   Pintor nicaragüense actualmente radicado en los Estados Unidos.

          Exdirector de la Escuela Nacional de Bellas Artes y exprofesor de pintura e historia del arte de la misma institución.

            Excatedrático en Historia del Arte y Pintura de la Universidad Politécnica de Nicaragua.

            Ha participado en más de 50 exposiciones colectivas de pintura en América Central, América del Sur, Estados Unidos y Europa.

      Personalmente ha exhibido en Nicaragua y fuera de ella.

            Ha sido invitado especial para diversas bienales de Arte, incluyendo de Valparaíso, Chile.

            Ha viajado extensamente por Europa y otros países de Latinoamérica y los Estados Unidos en gira de investigaciones artísticas.

            Ha sido becado en diversos organismos para estudios de perfeccionamiento artístico.

            Ha publicado numerosos ensayos sobre arte en periódicos de Nicaragua, Guatemala y EE.UU.

            Ha sido incluido y seleccionado para participar en eventos artísticos en diversos países y en los Estados Unidos.

            Ha sido nombre jurado para diversos certámenes artísticos en su país.