jueves, 19 de enero de 2017

TERCERA EXPOSICIÓN DE PINTURAS DE LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES*



SALÓN DE 1907

15 de Septiembre


         La Academia de Bellas Artes ha abierto la tercera exposición de pinturas. El Jurado electo para juzgar los trabajos presentados á concurso en dicho ramo ha discernido los tres premios en orden descendente, al señor Benjamín Escorcia, á la señorita Angelina Teller y al señor don Aristides Hazera. Ha habido verdadera rivalidad en el certamen; todos los cuadros presentados son de mérito, y el Jurado ha debido trabajar mucho para elegir –ya que era indispensable— entre aquella linda colección de FRUTAS. 

Aquí está un cesto rebosante de naranjas con sus cortezas verdes y zumosas, que diríanse recién arrancadas al inclinado ramo. Allá mamones en racimo y naranjas y limones, combinados en elegante disposición con el vaso y la cucharilla para el refresco. Mango segura, pincel avezado á forzar al color á entregar sus secretos, dícenme que esas telas deben llevar como blasón de origen: Peñalba pinxit. Tal firma leo en otros varios cuadros que se distribuyen sobre las paredes de la galería donde el Arte nacional ha celebrado el triunfo del esfuerzo sobre la indiferencia circundante. Entre ellos un símbolo: La Envidia. El cuervo feroz que picotea los laureles del genio y el doloroso gesto de aquella faz martirizada por el más cruel de los sufrimientos; y un lienzo mural, destinado para ser uno de los catorce que debieron decorar la iglesia principal de esta ciudad: Jesús consolando á las mujeres. El noble gesto del Nazareno augusto, del Jesús blondo que va al suplicio, constata en su doctrina de misericordia y cuya mirada apacible cae como una unción suave sobre el corazón de aquellas mujeres compasivas, contrasto con la rudeza de los verdugos que arrastran al sentenciado por Pilatos entre el tumulto y los gritos, entre la cólera y la piedad de aquella conmovida Jerusalén.

         León F. Aragón ha enviado, según me dicen esta riente moza, con su batea colmada, donde el trópico muestra su pompa. La jugosa pina de, la guayaba de sabrosa pulpa, icacos, destacándose sobre esta…

         [] etiqueta mira al través, un cestito volcado donde los pinceles han llegado al prodigio, y el vaso en el que queda una parte del licor escanciado, el vino rojo y generoso. Tal el cuadro en conjunto. Tiene alguno de frutas. La verdad le da siempre su ósculo glorioso.

         Benjamín Escorcia ha sido recompensado con el primer premio. ¿El efecto de su cuadro? Sí lo tiene. Las piñas están pintadas con maestría y hay naranjas y mangos, guanábana y soncoya. Su triunfo, de buena ley.

         Angelita Teller ha pintado en artística agrupación naranjas y mangos, icacacos y jocotes; la pitahaya de color cardenalicio y los áureos bananos. El toque más alto lo dá uno de éstos despojado en parte de su cáscara. Tiene también en la galería entre otros trabajos, su Despedida premiada en el certamen anterior. De una sencillez sugestiva, el sentimiento flota dominando los escasos defectos de su ejecución. Es el recluta arrancado al amor de los suyos por las exigencias del servicio militar o por la guerra encendida, que atado del brazo y con la chamarra al hombro se despide de su mujer á la vera de la cerca de su rústica habitación.

         Juan Cuadra tiene aquí dos notables paisajes. Su pincel sabe jugar con los contrastes. La luz es su querida. De ellos podría decirse con Peter Altemberg, “lo triste es así…” El uno es un mar gris, un “mar de pizarra”, la barca inmóvil con las velas colgadas de los mástiles, en pleno reposo. El viento está ausente. El cielo hace juego con el mar, y los toques magistrales en esa lucha de la luz con las sombras invasoras, cautivan el alma y la hacen sentir la fuerza melancólica del paisaje. El otro es una puesta de sol Crepúsculo del trópico, fantasía de colores en derroche. La selva susurrante, y en la tristeza visperal de la hora, el caminante solitario que atraviesa por la tortuosa senda.

         Chepita Pineda, exhibe unos magníficos retratos al crayón. Trabajos en que ha igualado al maestro; hablo de Pedro Martínez.

         Y más firmas. Aquí hay unos paisajes de Margarita Browne-Weeber. Los ocasos tropicales derramando la fiesta de sus luces sobre el atavismo de las nieblas británicas. Rosibel Morales, haciéndonos sentir la Resignación en la actitud completa de su símbolo. J. D. Tijerino con su cuadro Frutas, ingenuo y de potencia imaginativa; José Antonio Sarria con un retrato de doña María de Villa, en que esta dama muestra su aristocrática belleza, y algunos paisajes para biombos; José López, con varias pinturas decorativas, notables por la gracia, y Polito Marín  un iniciado de pocos años que ha exclamado en nuestros torneos: Yo también soy  pintor.

         Una agradable impresión deja en el ánimo la vista de esta  galería donde el Arte patrio ha celebrado el triunfo del esfuerzo sobre la indiferencia circunstante. — CRONISTA.

───────────────────

*Publicado en revista “El Alba”. Publicación mensual. Segunda Época; tomo III, No. 2. León, Nicaragua, 15 de Octubre de 1907. Director: Antonio Medrano. Redactores: Manuel Tijerino y Belisario Salinas. Impreso en Tip. de J. C. Gurdián & Cía. Ltda. Pp. 73-76. 

Fuente: Biblioteca y Archivo Histórico "Dr. Eduardo Pérez-Valle":  eduardoperezvalleblogspot

NICARAGÜENSES QUE TRIUNFAN. ESCULTOR NICARAGÜENSE EN NUEVA YORK



                                       
 ROBERTO DE LA SELVA, EN LEÓN, 1922
         Cuanto nos complacen los triunfos de los nicaragüenses esforzados, tenaces, con alma y con talento.

         El gran rotativo español 'La Prensa' de Nueva York, fecha 8 de enero nos trae la grata nueva siguiente, al pie de un fotograbado del busto que aparece en esta página: “Hermoso busto del panida nicaragüense Rubén Darío, 'el padre de la poesía hispanoamericana', soberbia obra esculpida en madera por el joven y notable artista nicaragüense don Roberto de la Selva, que ha sido adquirida por el periodista argentino don Jorge Mitre, director de “La Nación” de Buenos Aires, para ser colocada en la biblioteca de aquel prestigioso rotativo, cuya casa albergó por muchos años al genialísimo e inspirado poeta, y en cuyas páginas publicara muchos de sus preciosos poemas y artículos de elevado valor literario.”

         Roberto de la Selva se marchó hace cinco años a México. Era entonces sólo poeta. Llevaba su espíritu artístico. Contempló unas esculturas y sintió, de súbito, arder en él la llama de la vocación.

         Y se inscribió en la Academia de Bellas Artes, como alumno. Su primer maestro fue el gran escultor azteca, Ignacio Asúnsolo. Pocos meses después, en la primera exposición libre de la Academia, De la Selva presentó varias esculturas cubistas que atrajeron imperativamente, por su novedad atrevida, la atención de la crítica.

         Luego se dedicó también a la escultura en madera, y en esta revista publicamos hace un año fotograbados de bustos modelados por él en yeso y madera.

         Ahora, nos llega la noticia de que está en Nueva York, y que triunfa.

         El señor Mitre, en su reciente visita a Nueva York, al ver el busto, exclamó: ¡Es Rubén!

Busto de Rubén Darío, en madera, hecho por el escultor nicaragüense Roberto de la Selva

         Y De la Selva se lo obsequió. Al día siguiente don Jorge Mitre le envió un cheque: mil dólares.

Don José Mitre, director de “La Nación” de Buenos Aires, con el escultor De la Selva.

──────────Ω ──────────

ARTISTA, HAY QUE PINTAR…  

POR: ROBERTO SELVA

                                      Artista, hay que pintar.
                                      Pintar la melancolía
                                      que tiene ganas de llorar
                                      y de gritar noche y día.

                                      Ponte con tu paleta
                                      en asechanza del Alba,
                                      píntala con la violeta,
                                      y la liana y la malva;

                                      pinta las cosas viejas,
                                      todo lo puede pintar;
                                      caras exangües, bermejas
                                      o con gestos de pesar;

                                      una visión de Antonio,
                                      un verso de Garcilaso,
                                      la lujuria del Demonio,
                                      y el horror del Ocaso;

                                      el Paraíso de Adán,
                                      con la serpiente enroscada;
                                      ó al Divinísimo Pan
                                      en una selva sagrada;

                                      ó del olímpico deseo
                                      con la furia caprípeda,
                                      y el amor de Orfeo
                                      y la hermosura de Leda

                                      Y ponte a soñar, pintor;
                                      ponte a pintar ilusión:
                                      mira que te mira Dios
                                      desde una cumbre de Sión;

                                      ó has como Rusiñol
                                      el paisaje de los Pinos:
                                      de aquellos que baña el sol
                                      en sitios matagalpinos…

                                      Artista, hay que pintar.
                                      Pinta la melancolía
                                      que tiene ganas de llorar
                                      y de gritar noche y día.
                                      Y pinta, para mí, los ojos
                                      los de la inefable Calma:
                                      de ellos tienen antojos
                                      las saudades de mi alma…!

---------------------------------------------------

Publicado en “Azul”. Revista Literaria mensual. Año I. No. 4. León, Nicaragua, C.A. Septiembre de 1946. Director: J. Ramón Pineda. Redactores: Hernán Zelaya R. Henri y Roberto Debayle. Octavio Quintana González. Impreso: Tipografía G. Alaniz. 

Fuente: Biblioteca y Archivo Histórico "Dr. Eduardo Pérez-Valle":  eduardoperezvalleblogspot

A ALONSO ROCHI. (Joven pintor de gran esperanza).1915.





                                        
                   En todo existe y reina la belleza
                   Y en todo resplandece blanca y pura:
                   En el tenue color de la corteza,
                   Y en el regio fulgor de la hermosura;

                   En el gusano vil, en la serpiente,
                   En la roca, en el cardo, en la Quimera,
                   En el manso correr de la corriente,
                   Y en la burla infernal de la pantera;

                   En la añosa pared de una muralla,
                   En el hondo terror del cataclismo,
                   En el fuego voraz de la batalla,
                   Y en la boca espantosa del abismo;

                   En la mueca macabra, en el martirio,
                   En los negros crespones del difunto,
                   En la zarza punzante, y en el lirio,
                   Porque el arte en la tierra es el conjunto.

                   Todo ríe, todo vibra y todo canta;
                   Y en todo nos muestra sus primores
                   La belleza sin fin que se levanta
                   Hasta la acritud de los dolores.

                   Y todo esto lo absorben los artistas,
                   Los que tienen su nido en el espacio,
                   Los que viven de cielo y de amatistas,
                   De flores, de diamante y de topacio.

                   Los que tiene poder por alto mando,
                   Los que viven ajenos a lo humano,
                   Que lejos de eclipsarse van dejando
                   Un reguero de luz en el pantano.

                   El músico, el poeta, y el pintor,
                   De armonía y perfume el tiempo puebla,
                   Suavizando la angustia del dolor
                   Y sembrando de estrellas la tiniebla.

                   Tú, que emprendes la lucha por la gloria,
                   No olvides que en la vega del camino
                   Se encuentra mucha zarza y mucha escoria
                   Que trastorna los pies del peregrino.

                    Avanza, ya tiene los remos y la mira,
                   Despliega pronto tu ala blanca y tersa,
                   Si el viento t es bonancible, te inspira,
                   Y si la mar embravece, harás fuerza.

                   Sois grande: ser pintor es ser poeta.
                   Encarnas con calor tus impresiones,
                   Extrayendo vivaz de la paleta
                   El misterio lustral de los vellones.

                   ¡Oh pintores que concebís profundo,
                   Dedos artífices, hechicero, inmenso,
                   Mirad que estáis pintando todo un mundo,
                   ¡En un pedazo feliz de vuestro lienzo!

                   Poder copiar la fronda y  el follaje,
                   Y la espuma del mar y la cañada;
                   Poder copiar la risa del celaje,
                   Y el divino fulgor de una mirada.

                    Poder pintar la luz de una sonrisa,
                   Y la tierna expresión de los semblantes,
                   Los arbustos mojados por la brisa,
                   Y el temblor de los senos palpitantes.

                   Panorama de luz y de colores
                   En el cuadro sutil de Rafael,
                   Estampar en el lienzo, con fulgores,
                   Lo que no hace la pluma en el papel.

                   Y  pintar el desmayo de una herida,
                   Y pintar el acento de un arcángel,
                   La nostalgia infinita de la vida
                   En el Juicio Final de Miguel Ángel.

                   Todo todo lo puede y lo figura
                   La mágica pestaña del pincel:
                   La alegría, la duda, la amargura,
                   El espacio, el desierto y el vergel.

                   Poder pintar la luna enamorada,
                   Y la vida que vibra misteriosa
                   En el palacio infinita de la nada,
                   ¡Y el alma que existe en cada casa!

                   ¡Oh sublime aureola del gran todo!
                   ¡Oh Naturaleza que habláis de calma,
                   Y  en todo sonreís: porque hasta el lodo
                   ¡Está lleno de fuego y lleno de alma!

                   Tú, que tienes en el cerebro un cirio,
                   Que tienes en el pecho extraña voz,
                   Ya introduces los ojos, con delirio,
                   En la trama grandiosa del gran Dios.

                   Sois grandes: ser pintor es ser poeta.
                   No desmayes: prosigue tus labores.
                   Ya tiene con orgullo tu paleta
                   El secreto matiz de los colores.

                   1915.

     QUINTANA GONZÁLEZ

  -------------------------------------                                                  
*AZUL.  Año I.  No. 5. Octubre de 1916. Revista Literaria Mensual. Director: J. Ramón Pineda. Redactores: Hernán Zelaya R. Enrique y Roberto Debayle. Octavio Quintana González. Agente Mayor: Manuel Roldán. Tip. G. Alaniz & Cía

domingo, 15 de enero de 2017

GALERÍA PRAXIS*


      



  
La Galería Praxis abrió su salón de exhibición al público la noche del 28 de agosto de 1963 (ver Panorama No. 4 Vol. 1). Durante el año recién pasado en la Galería se presentaron varias exposiciones constituyendo todas ellas verdaderos acontecimientos artísticos y culturales.

         Durante el presente año la primera Exposición la realizó una monja pintora, Sor María de la Salette, la cual estuvo abierta del 8 al 23 de del presente mes, los 53 trabajos expuestos atrajeron el interés de un público selecto y de los intelectuales y artistas del país.

         Llamaron la atención los temas tratados por esta religiosa los que al observarlos borraban de la mente cualquier prejuicio, que de previo pudiera haberse formado el profano.

         No se sabe por qué corrientes interiores el visitante que entraba en el salón de la Galería Praxis y recorría los dibujos de Sor María, asociaban muchas de sus obras a la poesía de Gabriela Mistral, ya que lo metafísico y lo terreno creaban en el ambiente un paisaje de religiosidad, y en algunos de los cuadros era muy difícil separar las cosas del espíritu con las cosas terrenales pues en todos había un velo de misterio y sugerencias. Allí estaba el secreto de su arte.



         Sor María es Licenciada en Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, ha sido merecedora de diversos premios y ha presentado exposiciones en diversos países de América incluyendo los Estados Unidos.

         Durante los días de la Exposición numerosos cuadros fueron adquiridos por personas particulares, entre las cuales se cuenta la culta señora doña Hope de Somoza Debayle, esposa del Jefe Director de la Guardia Nacional de Nicaragua General Anastasio Somoza Debayle, asidua visitante a las Exposiciones que presenta la Galería Praxis.

         PANORAMA felicita una vez más a los jóvenes pintores e intelectuales que sostienen esta Galería y ojalá el Ministerio de Educación Pública pudiera cooperar en el sostenimiento de este local, que en la actualidad constituye un prestigio para los jóvenes pintores nicaragüenses.

------------------------------------------------------
*Publicado en “Panorama”, Revista de Información Centroamericana. Vol. II. Núm. 9. 25 de Enero de 1964. Pág. 31.

Fuente: Biblioteca y Archivo Histórico "Dr. Eduardo Pérez-Valle":  eduardoperezvalleblogspot

El último trabajo de Jorge Eduardo Arellano PINTURA Y ESCULTURA DE NICARAGUA


Por: Fidel Coloma González


    Por la cantidad, extensión y variedad de su labor cultural, cuando hablamos de Jorge Eduardo Arellano, fácilmente acude a la memoria el nombre del insigne don Marcelo Menéndez y Pelayo. Se le parece en la labor pertinaz, en el acometimiento de tareas que fatigarían a varios equipos de investigadores, en la incesante búsqueda de nuevos ángulos en la cultura nacional. Se le parece hasta en las críticas  y reparos que suscita, que tampoco faltaron a don Marcelino. Naturalmente, todo esto en el ámbito de nuestras modestas culturas criollas. No ha contado Arellano (¿Quién los tiene?) con el patronazgo de amigos, aristócratas y grandes políticos aficionados como los que respaldaron al eminente santanderiano. Se ha impuesto, pese a todo, Jorge Eduardo, y consigue ahora que el Banco Central le patrocine su nuevo trabajo, Pintura y Escultura de Nicaragua, que comentamos.

HISTORIA DEL ARTE Y CULTURA

    Historiar el arte de un país, significa penetrar en sus coordenadas espirituales. Significa captar la índole nacional, siempre cambiante por su permanente enfrentamiento con la vida. La pintura, la escultura, la arquitectura, la alfarería y otras artes menores, de algún modo revelan la aventura ideológica de un pueblo, la manea como va tomando conciencias de sí mismo, frente a sus problemas sociales, económicos y culturales, frente a la naturaleza que le rodea, ante su propia personalidad. Se ha llegado a decir que no existe el artista individual (Goldmann), que sólo existe la sociedad manifestándose a través de las obras de arte. Quién sabe. Pero es indiscutible que entre obra de arte y sociedad existe una relación de recíproca influencia. Ya no hablemos de las épocas en que, por circunstancias especiales, los problemas artísticos eran patrimonio común de la colectividad. Recordemos a los holandeses que desfilaban ante los cuadros de Rembrandt. O a los españoles acudiendo a contemplar el último retrato de Velásquez. O al pópolo de Florencia participando fieramente en las discusiones que separaban a Leonardo de Miguel Ángel. En este aspecto, sentimos ahora la ausencia de las exposiciones de Bellas Artes, tan concurridas, que Rodrigo Peñalba organiza en aquella Plaza frente a su vieja Escuela. Son necesarias y educativas para las masas.

TRASCENDENCIA DEL TRABAJO

    Desde ese punto de vista, el trabajo de Arellano adquiere trascendencia, pues nos ayuda a comprender la evolución de las artes plásticas y, en consecuencia, a apreciar cuáles son las coordenadas de la cultura nacional. Los artistas han expresado y expresan las características cambiantes de lo que podríamos llamar la conciencia nacional nicaragüense. Sus obras son el mejor documento para comprenderla.

TRADICIÓN PLÁSTICA

    Desde hace tres decenios asistimos a la formación de un grupo muy significativo d artistas que hoy atraen la crítica extranjera y que ya tienen, como Armando Morales, consagración mundial. Otros, como Ramem, en México, o como Palma Ibarra, en Italia, han desenvuelto y afirmado su talento en el exterior. Cabe entonces preguntarse si todos estos artistas, excelentes, surgieron en Nicaragua por azar, si no tienen antecedentes en el arte nacional. En otras palabras, si existe una tradición plástica en Nicaragua.

    La lectura del estudio de Arellano nos permite contestar afirmativamente. Existe en el país una tradición plástica que se remonta a las culturas indígenas. A propósito de las pinturas de animales que se encuentran en la cerámica india primitiva, Arellano afirma que “el hombre prehistórico de nuestros lares desarrolló vivamente un concepto de la belleza similar al nuestro” (Pág. 5). Me parece un juicio bastante certero. Porque, ¿qué quiere decir tradición? Tradición significa trasmisión, es decir, que esas pinturas y decoraciones indígenas, de alguna manera se han integrado a la experiencia del vivir nicaragüense; las experiencias, el modo de ver las cosas, las intuiciones del mundo que ella expresan, están o siguen presentes en la mentalidad colectiva. Citemos, como ejemplar, a Pablo Antonio Cuadra, que ahondando en esas vivencias ancestrales indígenas, plasmadas en decoraciones primitivas nahuales, traslada ese terror, ese miedo, esa maravilla ante el mundo, a su poemario El Jaguar y la Luna (1959).

EL LEGADO COLONIAL

    En el capítulo segundo, estudia la pintura en la Colonia. La orientación general fue piadosa: representaciones de imágenes de santos o de la Sagrada Familia. El artista vivía a la sombra de la Iglesia o era protegido por familias devotas, que le encomendaban pinturas para retablos. A veces, en algún cuadro, se deslizaba el retrato de los mecenas. Conmovedoras figuras. Nos informa Arellano que el Banco Central posee en su colección once óleos coloniales, pintados sobre “tela, madera o láminas de cobre o zinc”. (Pág. 9 nota 6). Suponemos que pertenecieron, todos a su mayor parte, a la colección del poeta Enrique Fernández. Al analizar estos magros restos de lo que debió ser una producción bastante rica, se plantea uno problemas que todavía quedan por resolverse. Por ejemplo, las relaciones de este arte con Guatemala, la determinación del ancestro indígena de estos pintores, las relaciones (tal vez envío de modelos o machotes) con la Madre Patria o con otras zonas de América. Una cuestión muy interesante: ¿Por qué no produjo Nicaragua un barroco mestizo, de influjo indio, como el que floreció en Ecuador, Perú o México?

LA PINTURA DEL SIGLO XIX COLONIAL PERO NO ROMÁNTICA

    La pintura del Siglo XIX manifiesta una supervivencia del influjo colonial. La rigidez de las formas y lo estereotipado de muchas actitudes así lo manifiestan. Los pintores devotos continúan, “todos originarios de León”, dice Arellano: Julio Jerez, Benito Ruiz, Agustín Vásquez, que estudió en Colombia, Dolores Guzmán. Aparece algo importante: el extenso cultivo del retrato laico, que se hizo una moda o necesidad social. Pintar retratos se convirtió en una especie de industria. Sólo a uno de estos artistas, Toribio Jerez, se le atribuyen varios centenares de cuadros, que primordialmente son retratos. Este es síntoma revelador de que se han producido cambios sociales importantes. Una nueva clase la burguesía criolla, afirma decididamente su poderío, su presencia mundana; el interés que se conozca su carácter, su individualidad. De allí la preocupación psicológica de Toribio Jerez. Las figuras son todavía hieráticas, expresión de una sociedad aun rígidamente estamentada, cuyas personalidades principales son obispos, grandes burócratas, militares o importantes hacendados, tal como nos señala Germán Romero, en un ensayo excelente.

    Otros retratistas hubo en el mismo siglo: Adolfo León, Ramón de Santelices, que a nuestro parecer, participan de las mismas características de Toribio Jerez. Pasa enseguida Arellano a estudiar el grabado popular de las jícaras y guacales, delicioso arte folklórico que manifiesta la supervivencia de motivos y técnicas indígenas y coloniales.

    Frente a este arte del Siglo XIX, cabe preguntarse a qué se debe su escasa variedad, porque no existan retratos de niños y jóvenes, escenas hogareñas, bodegones, paisajes. Es de suponer que es por la misma estructura rígida, de fuerte influjo colonial y religioso, de la sociedad. Los cuadros se encomiendan con exvotos, como patentes para la eternidad, con la única diferencia de que ahora se exhiben en los salones de las casonas burguesas. Son prenda de inmortalidad, pero también exposición de poderío.

EL PAISAJE

    La ausencia de paisajes no es rara. Parece que se perdió, o no vino nunca de España, la tradición del paisaje de Velásquez o de Goya. Fueron los viajeros  y pintores europeos del Siglo XIX, quienes nos enseñaron a descubrir nuestra naturaleza. En realidad, el primero fue un escritor, Chateaubriand. El paisaje de América fue un descubrimiento del romanticismo. El pintor alemán Rugendas, por ejemplo, enseñó a peruanos, chilenos y argentinos, a admirar los aspectos  pintorescos e impresionantes de su naturaleza. Aquí en Nicaragua pueden descubrirse señales de esta sensibilidad extranjera frente a la naturaleza nicaragüense, en las ilustraciones de Squier a su libro. En realidad, para que exista sensibilidad ante el paisaje es necesario que exista un proceso de urbanización. Tiene que producirse un distanciamiento frene al paisaje para descubrirlo. Y las ciudades nicaragüenses  de la época todavía eran incipientes, eran centros a donde se encontraban los finqueros en el invierno.

    Esto me explica algo que me ha llamado siempre la atención en Rubén Darío como paisajista. Sus paisajes literarios, de Nicaragua y el trópico, son algo esquemáticos, un poco rígidos y repetidos. Parece que formación pictórica la realizó en Chile, donde predominaba el influjo del pintoresquismo romántico de Fortuny del pompierismo francés de fin de siglo, aunque ya había tendencias impresionistas. No encuentro en él un entusiasmo excesivo por los impresionistas ni, mucho menos, después, por el cubismo, el expresionismo, cuyas primeras luchas tienen que haber conocido pero sobre las cuales no habla.  Alguna vez pensábamos, con Rodrigo Peñalba, en que alguien calificado, estudiara las ideas pictóricas de Rubén. Una fuente importante está en la revista Mundial Magazine, donde muestra sus predilecciones plásticas, y la cual requiere un estudio iconográfico. La colección completa está en el Banco Central. Otra tiene José Jirón. Volvamos a este trabajo de Arellano, que tantas inquietudes despierta.

JUAN BAUTISTA CUADRA Y LOS PRIMEROS DECENIOS DEL SIGLO XX

    En la pintura del primer tercio del siglo XX, el primero es Juan Bautista Cuadra, pintor leonés. Su arte significa un enorme avance. Supera a sus predecesores, pero los continúa. Con el retrato, por ejemplo. Los supera en variedad, que dota sus modelos de una suave tristeza o de expresiones que recuerdan a Goya. Hay el temperamento de un romántico en Cuadra. Cultiva el paisaje, por influjo literario, me imagino, por haber visto cuadros europeos que traerían las familias burguesas que realizaban el inevitable viaje a París. No veo influencias del pompierismo en él, tan caro a la burguesía de fin del siglo y comienzos del presente: figuras de emperadores  y guerreros antiguos, odaliscas, príncipes musulmanes, etc. Nada de eso hallamos en Cuadra: sólo una sensibilidad impresionista y romántica, un acercamiento penetrante a la sicología de sus personajes, que ahora enfoca fuera de la rigidez de un Toribio Jerez, directamente en el rostro del retratado.

     Todo un grupo de pintores se forma en torno a Cuadra, en León, nos informa Arellano (Pág. 25). Me llama la atención uno: Pastor Peñalba que entiendo es el padre Rodrigo Peñalba. Otros nombres: A. González y Moncada, que no sé si será el mismo que fue secretario de Augusto C. Sandino. Se produce en realidad, a comienzos del siglo una floración de pintores, venidos de todos los ámbitos del país: Segundo Almanzor de la Rocha, granadino, formado en Alemania; Bonifacio Sandoval, chinandegano, estudiante en Francia; en fin, pintores de Jinotega, Masaya y otros lugares. A Alejandro Alonso Rochi, a quien podríamos llamar un impresionista moderado, sobresaliente en sus exquisitos cuadros de flores, dedica Arellano un capítulo especial, lo mismo que a Rogerio de la Selva, cuyas tallas policromadas más bien lo ubican en la línea de la nueva plástica mexicana.

LA GENERACIÓN VANGUARDISTA

    Y llegamos a una época decisiva en el desarrollo histórico social de Nicaragua. Son los años veinte, el período inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial, que se caracteriza por fuertes crisis económicas, trastornos sociales, la Guerra Sandinista, la Intervención Americana. Y en arte, por el expresionismo que se canaliza en diversas tendencias de vanguardia.

    Época contradictoria y confusa es esta. Pues si bien un grupo de escritores y artistas asume decisivamente las ideas de renovación, ellos son todavía muy jóvenes, y  deben convivir, o enfrentarse con representantes de las corrientes tradicionales que venían de comienzos de siglo: romanticismo, impresionismo, modernismo.

    Es lo que estudia Arellano en este período. Destaca a Joaquín Zavala Urtecho, el pintor y dibujante profesional del grupo de vanguardia granadino. Hombre de múltiples actividades e iniciativas, es quien realmente educa el gusto de su generación en las nuevas formas.  Sus caricaturas y xilografías, publicadas en periódicos y revistas, contribuyen a formar una nueva sensibilidad frente al arte. Señala Arellano además el influjo de Enrique Fernández Morales, a quien rinde un merecido como “introductor bibliográfico del arte moderno en nuestro medio”, “revaluador de la tradición artística nacional –casi perdida y olvidada— al reunir muestras de imaginería  pinturas coloniales y decimonónicas”, como gestor de vocaciones artísticas” (Página 32).

    En la sección siguiente, “Artistas tradicionales del siglo XX”, estudia Arellano a varios pintores que prosiguen la tradición impresionista, romántico-realista que había inaugurado Cuadra. Menciona también a algunos “aficionados” como Carlos Molina Argüello, con sus paisajes ocasionales”, y yo agregaría a Mariano Fiallos Gil, del cual se conservan paisajes leoneses, de segura mano, buen colorido y sentimiento. De todo este grupo, parece ser Rubén Cuadra Hidalgo, el más importante. Sobre todo, por la labor docente que ha realizado en León.

LA ECLOSIÓN PICTÓRICA DEL MEDIO SIGLO LA ESCUELA DE PEÑALBA

    La segunda gran sección del trabajo de Arellano, se titula “Desarrollo contemporáneo”. Está dedicada a la labor cumplida por Rodrigo Peñalba y a los pintores de Bellas Artes, por él fundada, se formaron.

    “Nuestro primer pintor moderno es, sin duda alguna Rodrigo Peñalba”, dice Arellano (p. 39). Pero ¿qué quiere decir pintor moderno? Yo entiendo por ello (Perdóneseme, no soy especialista), a un pintor formado en una academia o taller, donde se ha prestado atención a los aspectos anatómicos, al dibujo, a la perspectiva, a la teoría del color, a la historia y a la apreciación artística, sometido a la vigilancia de uno o varios maestros, de compañeros, igualmente preparados, por varios años. Esta es la suerte que tuvo Nicaragua con la llegada de Peñalba. Nacido en 1908, de familia de tradición plástica leonesa, había pasado gran parte de su juventud estudiando en academias de España, Italia y Estados Unidos. Un total de quince años o más años. Trajo una sensibilidad entrenada, una cultura sólida, una ejercitación técnica y práctica segura (el pintor es un artesano, en gran medida), una metodología.

    Es lo que introdujo en su Escuela Nacional de Bellas Artes, que funda en 1948. Estableció la noción fundamental de que la pintura o la escultura es un oficio, como se dice ahora, de tiempo completo. En él, para desarrollar tarea seria, hay que ser profesional, abandonar el diletantismo. Ejercicios rigurosos de academia, exploración sistemática de las capacidades de cada cual, ensayo de formas y procedimientos, hasta encontrar cada uno su camino, su propia vía de creación. Disciplina, dentro de la libertad, he ahí la clave de su método y de su éxito. No impuso, pues, sus propias inclinaciones artísticas: formó pintores, escultores, no creó una “escuela”.

DIVERSIDAD ESTÉTICA DEL GRUPO
    Por eso, lo primero que llama la atención en todos los pintores de este grupo, es su diversidad. Cada uno ha seguido su personal estética. En técnica, en concepto de la composición y del cuadro, en el valor del colorido y del dibujo, en fin, en el tratamiento de lo que Barthez llamaría los signos pictóricos. Se parecen, sí, en una cosa. En su preocupación por expresar la realidad nicaragüense. Es el camino que enseñó Peñalba para alcanzar lo universal: partir de lo particular nacional.

LA LECCIÓN DE PEÑALBA

    Es interesante reproducir (y esta reseña se alarga), una cita que trae Carlos Alemán Ocampo en un trabajo inédito sobre el desarrollo de la pintura nicaragüense y que reproduce Arellano en página 42: “Peñalba –se leía en La Nueva Prensa de agosto 1948— los conduce a veces de la mano y mostrándoles con el índice de su mano la línea del horizonte, los cerros que se levantan en la apenas visible ribera izquierda, los colores violentos con que se arrebola la tarde y la franja verde de la cercana ribera, les dice: Esto es lo que yo quiero de ustedes: que pinten lo que es propio de nuestra tierra. Yo quiero que ustedes piensen, sientan y vean con sentido de nuestra propia raza”. Nobilísimas palabras del maestro, que deberían inscribirse con letras de oro en todas nuestras escuelas: es el estudio de la realidad nacional el camino para universalizarse.

EL GRUPO DE PINTORES

    Lo que sigue es historia contemporánea. Todos hemos asistido al crecimiento de este grupo de pintores. Hemos visto la aparición de “Praxis”, la fundación de galerías y talleres. El artista pintor y escultor es hoy un profesional. Pocos aceptan algún trabajo marginal (profesorado, por ejemplo). La mayoría son pintores de jornada completa. En la sección tercera, titulada “Nuestra simpatías y diferencias”, dedica Arellano estudios especiales a algunos pintores de estas generaciones: Armando Morales, Alejandro Aróstegui, César Caracas, Omar D´León, Leoncio Sáenz, Leonel Vanegas, Orlando Sobalvarro, César Izquierdo, Genaro Lugo, Dino Aranda, Alberto Ycaza, Bernard Dreyfus, Rolando Castellón, Carlos Montenegro, Silvio Bonilla, Bayardo Gámez, Róger Pérez de la Rocha, Leonel Cerrato y otros más jóvenes. Muchos de ellos, como hemos dicho, han conquistado consagración internacional.

EL TRASFONDO SOCIAL

    Esta exposición artística de Nicaragua coincide con la expansión económica a raíz del cultivo del algodón. La burguesía se nutre de nuevas capas, se enriquece, tiene dinero para invertirlo en arte.
    En este aspecto, es decisiva la influencia de personalidades que orientaron el gusto público. No se entendería este auge artístico sin la prédica constante de Pablo Antonio Cuadra en LA PRENSA en donde ha dado a todos acogida. Tampoco sería explicable, sin ciertas iniciativas como la de Guillermo Rothschuh Tablada, director a la sazón del Goyena, que encomendó a Francisco Pérez Carrillo y César Caracas que pintaran murales en el viejo Goyena (que causaron escándalo en su tiempo y que destruyó el terremoto). Iniciativa que hoy imitan los bancos y las grandes casas comerciales. El arte decora y condecora la posesión y el poder. A lo mismo obedece el afán coleccionista de los particulares que, además de juntar “antigüedades”, objetos coloniales y cerámica indígena, compran cuadros, los exhiben y se enorgullecen de ellos. La plástica se introduce y muchas veces da sentido a la vida cotidiana de nuestra burguesía y hasta nuestra incipiente clase media. Diariamente veo una estatua (¿reproducción de una griega?), de una mujer, sobresaliendo en un jardín pequeño de mi barriada.

LA ESCULTURA

     En la  “Reseña de la escultura” estudia las manifestaciones escultóricas en Nicaragua, desde la época colonial hasta nuestros días. No registra Arellano, y lo sentimos, las esculturas indígenas en piedra, cuyos magníficos exponentes estuvieron en la entrada del antiguo Colegio Centroamérica (Ignoro su destino actual). Revisa la imaginería colonial, se detiene en los escultores Antonio Sarria, Jorge Navas y Roberto de la Selva, para llegar a Edith Grön, Fernando Saravia, y señalar los trabajos de Ernesto Cardenal, Noel Flores, Leoncio Sáenz, Sobalvarro, Silvia Díaz, Pablo Vivas y otros.

    La escultura es arte monumental, cercanamente unido a la arquitectura. Es decir, el escultor depende en mucho de los encargos que le hagan los poderes públicos o las grandes instituciones privadas. En ese aspecto no observamos un progreso. Será que la escultura no ha sido puesta de moda por los modernos “decoradores de interiores”, que prefieren objetos de bric-a-brac traídos de Estados Unidos o Europa, antes que una escultura nacional.

    En este aspecto es justo mencionar también la labor pionera realizada por Guillermo Rothschuh Tablada, quien fue el primero en comprender el impacto educativo que tiene para el pueblo la escultura. Ya en 1956, encargó a Edith Grön la estatua de Andrés Castro, que hoy se ubica a la entrada del camino que conduce a San Jacinto. No veo yo ahora que las Universidades (Mariano Fiallos Gil si impulsó ese arte), ni los grandes bancos, ni los grandes edificios contemplen lo escultórico como parte integral de sus complejos arquitectónicos. Nada observo en Metrocentro, por ejemplo. Ahora en las escuelas ni siquiera se encuentran las cabezas de Rubén Darío que modeló Edith Grön.

    El trabajo de Arellano, terina en dos secciones más, una “Bibliografía de la pintura y la escultura en Nicaragua”, un trabajo monográfico sobre Roberto de la Selva (1895-1957), y otro sobre Ramem. Al final, se agregan reproducciones de cuadros importantes.

EL MENSAJE DEL LIBRO

    Largamente nos hemos extendido en la reseña de ese trabajo de Arellano. Su importancia lo amerita. Ahora, ¿qué nos queda de la lectura de esta obra? Es un sentimiento de placer, de alegría. Alegría de palpar cómo, pese a las estrecheces y a las limitaciones de toda suerte, se van imponiendo nuevas actividades y formas culturales. Contemplar cómo el hombre va construyendo su destino, pese a todo, es siempre algo que admira y complace. Así ocurre con esta presentación de la evolución plástica de Nicaragua. Asistimos a lo que llamaría Wolfflin, “la génesis de la visión moderna en Nicaragua. A un paulatino descubrimiento de la realidad nacional  y a la formación de una conciencia artística que lentamente se va apropiando de ella, la va trabajando, interpretando su sentido, para trasladarlo a los signos pictóricos. Se ha ido formando una “teoría plástica” nacional, que mantiene estrecha relación con el proceso que ha sufrido la literatura.

NECESIDAD DE MÁS ESTUDIOS ESPECIALISTAS

    No somos especialistas en crítica de arte. Por eso no quisimos emitir apreciaciones sobre la obra de los pintores contemporáneos. Esto mismo, nos hace pensar en la necesidad que hay de formar críticos capacitados en crítica e historia del arte. Hay ambiente, capacidad y gente interesada. Este programa lo podrían asumir, en forma conjunta, las Universidades y la Escuela Nacional de Bellas Artes. Se necesita una legión de críticos que asuman la tarea de realizar monografías sobre estos grandes pintores que está produciendo Nicaragua. Estudios monográficos sobre períodos enteros de los que sabemos muy poco. Análisis estilísticos de grupos, generaciones y tendencias. En fin, toda una labor que venga a completar esta magnífica obra que nos entrega Arellano.

Y RECOMENDACIONES FINALES

    Es justo felicitar a las autoridades del Banco Central por haber patrocinado la publicación de este libro. Al Dr. Roberto Incer Barquero y al Dr. Noel  Lacayo Barreto, Director del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, que llega a su número vigésimo, donde le dio cabida. Es recomendable que este libro sea editado como obra independiente, con el mayor número posible de reproducciones en color. La trascendencia de esta obra lo exige, y  los recursos del Banco lo hacen factible.

    Por último, que se publiquen los trabajos inéditos sobre historia del arte nacional, que tienen escritos Carlos Alemán Ocampo y Enrique Fernández Morales, según nos informa Arellano. Los necesita la cultura nacional.

Recinto Universitario “Rubén Darío”, mayo de 1978.