miércoles, 15 de julio de 2015

LA REVOLUCIÓN EN UN MURAL DE ALEJANDRO CANALES. Por: Leoncio Sáenz. En: Ventana. Sábado, 22 de enero de 1983. Pág. 15.


En días pasados asistimos a la inauguración de un hermoso mural ejecutado por el pintor Alejandro Canales miembro activo de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC) en el Auditorio del Instituto de Seguridad Social y Bienestar (INSSBI) con temas alusivo a a la Revolución en sus múltiples aspectos y facetas, tratados con gran libertad creativa y lucidez interpretativa en todos y cada uno de los elementos que conforman una composición muy moderna, de colores cálidos y vibrantes, unidas a una composición muy equilibrada de proporciones justas casi matemáticas, por la precisión coherente de forma y contenido aunado cierto sentido del arabesco muy propio del artista que ha sabido encontrar en este mural el camino certero hacia mejores logros en el futuro. Nos llena de regocijo al notar el avance cualitativo de Canales en esta obra al abordar el tema de por sí complejo como es el de la Revolución, sino de la forma utilizada al interpretarlo sin el fácil recurso de ciertos manierismos que algunos pintores nicaragüenses, de la década del 50 ensayaron al tratar temas murales, siguiendo las directrices de la Pintura Mural Mexicana, olvidándose de la originalidad que resulta de la libre interpretación de los temas con sentido creativo, sin subordinarse demasiado a ciertos cánones o ideas preestablecidas que limitan y entumecen una obra, por bien intencionada o formalmente pintada que sea, siempre la faltará espíritu o ángel que le dé resplandor y brillo propio será como el reflejo de luna llena en el inmóvil y transparente espejo de un estanque.

     Hemos apreciado en su justo valor esta obra reciente de Canales en el campo difícil y poco explorado de la Pintura mural, quizá porque nuestra tradición artística no se inserta en ese campo, pues es bien sabido que los artistas precolombinos nicaragüenses no lo usaron sencillamente porque no tenían paredes de mampostería en que pintarlos, ya que su arquitectura civil y religiosa no hizo nunca uso de piedra cantera o adobe en la construcción de templos y palacios como Mayas, Aztecas e Incas, a excepción de unos pequeños adoratorios de piedra sin argamasa, lo arquitectos con sabiduría y fino intelecto les indujo a usar materiales livianos como la madera y la paja en sus construcciones que resultaron más resistentes y seguras merced a los continuos terremotos que periódicamente sacudían la tierra, echando al suelo gruesas y pesadas estructuras, como las que edificaron los españoles, para caer luego abatidas por la furia tectónica de esta tierra donde habita quizás en sus entrañas el infatigable Dios Vulcano que no se cansa de martillar el yunque y encender la fragua. El tiempo y la historia dieron la razón de vivir en ranchos a nuestros ancestros.

     Este mural de Canales está pintado sobre una pared de madera laminada, lo cual garantiza que no se desplome al primer temblor, como ocurrió con el terremoto del 72 que destruyó algunos murales en la vieja Managua, al desplomarse las paredes también se iba con ello lo pintado, como sucedió con los murales de Pérez Carrillo y Caracas en el Instituto Ramírez Goyena y los murales en relieve de Leoncio Sáenz en el Supermercado La Colonia de Montoya hicieron posible que se modificaran,  las técnicas, claro ejemplo de ello son los grandes murales pintados por Sáenz en 74 en madera laminada sobre bastidores en el Supermercado de Nicaragua de Plaza España, que por su solidez puede resistir un terremoto sin sufrir daño alguno porque la estructura en que se sustentan es de acero y concreto reforzado, cabe señalar que están ubicados en el interior del edificio protegidos de la intemperie.


     Cabe señalar que este es el tercer mural que pinta Canales en un lapso comprendido de años a partir del triunfo de la Revolución. El primero más grande está ubicado en el Parque Luis Alfonso Velásquez, ocupa una gran pared de taquezal de una casa solitaria que un tiempo fue el restaurante “La Crucita” en la vieja Managua. Es un mural efímero hecho para vivir poco tiempo, pues el fuerte sol y la lluvia lo castigan constantemente, está pintado en acrílico sobre una pared áspera con signos de grietas por todas partes, aquí Canales utilizó una técnica poco usual en su pintura, figuras de mujeres en diversas actitudes, de acentuado volumen utilizando como recurso el claroscuro y los medios tonos. La composición es bastante arbitraria y no lleva una secuencia coherente, las figuras parecen aisladas del contexto total de la obra como añadidas para llenar espacios quedando grandes vanos sin pintar. Su mejor logro es la parte más alta en el extremo derecho de la pared. Una figura de mujer corpulenta se levanta dando la idea de fuerza y monumentalidad. El segundo mural más pequeño está situado en la pared de lo que otrora fuera de Cafetería “La India” de grata recordación de pintores y poetas que en amena tertulia vieron desfilar los últimos días de una Managua agitada y bohemia. Este mural es más bien decorativo de colores brillantes y llamativos, tiene por tema mujeres cortando café, no logra sin embargo darle el sentido que debe tener un mural; parece más bien un dibujo a color agrandado, con pequeños detalles que se pierden a cierta distancia, no logra imprimirle ese golpe que a primera vista totaliza toda la obra en una síntesis. No obstante hace uso por primera vez del color blanco, lo que indica y a un avance que luego desarrollará con feliz resultado en este último mural, donde la composición es casi abstracta, el uso deliberado de colores planos de contraste acentuados por el blanco, formando ya parte integral de la composición, realizando las formas sin perder la entonación total de la obra, que resulta compacta  y homogénea. Lástima que usara colores en esmalte de los que se usan para pintar casas, quizá debido a la austeridad o a la falta de acrílicos en el mercado, lo que impide que los colores sean más vibrantes y transparentes, perdiéndose así un mejor efecto visual más armonioso y acabado. En fin esta obra pese a las limitaciones antes señaladas, conserva calidad y frescura y nos demuestra que puede hacerse arte de calidad usando los medios y materiales al alcance, es también una lección de disciplina y amor al trabajo hecha con dedicación y buen gusto estético de nuestra admiración y  reconocimiento. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario