domingo, 3 de agosto de 2014

EXPOSICIÓN DE GRABADOS Y DIBUJOS DE CARLOS CAÑAS. En: Novedades Cultural. 2 de febrero de 1964.



Dirigida por: Salvador Lacayo / Alex Cadera Escobar

En la noche del Miércoles 29 se inauguró en la Galería Praxis la Exposición de Grabados y Dibujos del famoso pintor salvadoreño Carlos Cañas. Esta inauguración alcanzó una mayor importancia e interés, pues se contaba con la presencia del pintor Cañas, venido expresamente de San Salvador para la inauguración de su obra. El público presente lo formaban en su mayoría jóvenes pintores, poetas e intelectuales, que demostraron gran interés y curiosidad por la obra abstracta de Caña a quien le llovieron preguntas que siempre contestó gustosamente. 

AMIGHETTI EN BELLAS ARTES: CROMOXILOGRAFÍAS. En: La Prensa, 22 de febrero de 1970.


Paco AMIGHETTI con su franciscano modo de llegarse a las cosas –al paisaje, a la naturaleza y a la figura humana—suavemente como su hablar; con su cromatismo delicado y diáfano como venido de la pintura china, con su emoción contenida y sobria: es el pintor costarricense por excelencia. Es Costa Rica pintando.

Desde sus primero cuadros, hasta estos grabados a color que nos revelan la madurez lograda de un gran artista. Amighetti ha sido fiel a su doble autenticidad: la de expresarse a sí mismo (poeta de la imagen), y la de expresar al costarricense, al tico que ES, tanto EN su tierra como fuera de ella.

Laborioso y silencioso, perfeccionador constante, tiene una mirada morosa, suspensa sobre cada cosa –en su luz y en su sombra—y luego la traslada dentro de sí, la toca con el alma lentamente la devuelve con una sencillez que algunos (acostumbrados al tremendismo y a la vociferación de tanta pintura actual) desconcierta. Por eso lo hemos relacionado con la pintura china: porque es un pintor contemplativo, y su color es mental.

Junto al pintor Amighetti ha ido perfeccionando la suma artesanía del xilografista hasta conquistar un lugar de primera línea en el Continente como grabador. Sus libros (porque también es un fino irónico, certero poeta en prosa) recogen centenares de maderas con su visión de Costa Rica y de las dos Américas. No hay casi revista de arte que no haya reproducido algunas de sus xilografías. Y al cabo de años, la exposición que ahora nos ofrece en la Escuela DE BELLAS ARTES, es su logro de madurez, su victoria completa sobre la madera con la cual –ya totalmente dócil—logra la difícil plenitud de su expresión.




En la presentación el programa de esta exposición, Stefan Baciu, nuestro apreciado colaborador, escribió las siguientes líneas:

50 VARAS AL NORTE DE LA MEJORAL

Hay lugares que cabe incluir en lo que podría llamarse el mapa cultural de la América Latina. La Isla Negra de Pablo Neruda, el Beco da Lapa de Manuel Bandeira, y el retiro de Apicucos (Pernambuco) de Gilberto Freyre. Estos sitios se integran dentro del movimiento intelectual americano como sucede con el Café de Nadie de los “estridentistas”  mexicanos, y la Calle Floridaa donde se originó el movimiento de los “martinfieristas” de Buenos Aires.

Pero estos datos son todavía incompletos, existen en este continente hombres que se distinguen en aquello que el cubano Enrique Labrador Ruiz llamó cierta vez, la “manera de vivir”. Así sucede con Francisco Amighetti en su retraimiento y su voluntad de pasar inadvertido, y que es sin embargo, sin lugar a dudas, uno de los más grandes grabadores en madera de la América Latina, y un ejemplo vivo de la raza de los silenciosos, de los callados y discretos.

Su vida ha transcurrido en su lugar natal, con excepción de los viajes que lo han llevado por Suramérica, Europa y los Estados Unidos, y sobre todo por las repúblicas de Centroamérica, que documenta el estupendo testimonio de sus grabados, en su libro Francisco y los Caminos.

El artista en su casa-taller ubicada en el barrio La Paulina, 50 varas al norte de la Mejoral, viene a ser la Isla Negra, o el Beco de Amighetti, es un lugar encantado, enteramente suyo, señalado por su presencia.

Aquí uno de los grandes creadores de América, hace de los árboles nativos un concierto de luces y de sombras, de colores y semitonos, una verdadera orquesta de la selva, que suena y habla bajo el dominio de un artista, que supo hacerse notable sin premios, sin concursos, sin medallas ni partidos políticos.


He visto a Amighetti caminando rumbo a su casa, con las maderas de sus grabados que llevaba como si fuera un tesoro, y así me he dado cuenta de su mundo. Este responde a un verso de sus coterráneos: Joaquín García Monge y Max Jiménez, los creadores que supieron hacer arte dentro de esta dimensión que va desde la sodita de Guadalupe hasta el Louvre, y desde el Metropolitan Museum hasta el Parque Morazán.

En los grabados más recientes, el mundo habla el idioma de Amighetti a través de la madera de Costa Rica. Este lenguaje universal llega de bosques que él ama y conoce. Pero, desde la madera original, o de la que descansa sobre su mesa de trabajo, hasta el grabado expuesto en las salas de exposiciones, existe una terrible distancia. Este es el arte de Amighetti; sólo él sabe cómo se talla, cómo se siente y cómo se le hace hablar.

El ronrón, y el cocobolo empiezan en la casa-estudio de Amighetti una nueva vida. Su casa es un barco sobre las nubes que navega entre la lluvia cuando las camionetas de Sabanilla y de la Betania pasan por la esquina de su calle, cuando los pasos perdidos suenan en la noche delante de la habitación donde una luz se detiene sobre la madera recién cortada, nace una obra de arte, allí en Costa Rica, en el barrio La Paulina, 50 varas al norte de la Mejoral.




ROMBERG EXPONE EN EL T. N. D. En: La Prensa, 22 de febrero de 1970.


Ya está abierta al público la novedosa y sumamente interesante Exposición de Grabados en madera del gran artista Oswaldo Bomberg, la que se inauguró el marte 17 del corriente en la Galería de Arte del Teatro Nacional Rubén Darío bajo el patrocinio de la Embajada de la Argentina, donde permanecerá hasta el 28 del mes en curso.

Los grabados expuestos no sólo revelan la ara maestría en la impresión de sus múltiples colores en madera realizados con una técnica extraordinaria, sino que también reflejan la libre fantasía del autor al expresarse con imágenes moribundas, fieles a la reacción de nuestra época actual. La admirable exposición es una experiencia visual estética llena de armonía de líneas en su drama de sufrimiento digna de verso.


sábado, 2 de agosto de 2014

BODEGÓN DE LA LUNA. Por: Anastasio Lovo. En: El Nuevo Diario, sección Cultura. 11 de agosto de 2007.

A Silvio Ambrogi 


Níger de los Santos Medina Rodríguez, cuyo nombre de pintor es Níger Medina, nació el 1 de noviembre de 1961, en Santa Teresa, departamento de Carazo, y falleció el 21 de mayo de 2007 en Jinotepe, cabecera del mismo departamento. Fue un pintor prolífico que cultivó el abstraccionismo, el cubismo, el surrealismo, el neoclasicismo y el primitivismo. Sus temas recurrentes fueron desnudos, bodegones, naturalezas muertas, paisajes y retratos.

En la mayoría de su obra temprana alcanzó una calidad estética que fue inmediatamente reconocida con una mención del Concurso Nacional de Pintura Rodrigo Peñalba de 1982, cuando Níger cifraba escasos 21 años. Pese a su don, talento y talante, y a su abundante y espléndida obra, no podemos afirmar que Níger haya alcanzado el máximo de su potencial. Las propias fracturas del ser, lo adverso del medio y su capacidad de autodestrucción terminaron malográndolo. Pero lo mejor de su obra lo podemos encontrar en las paredes de los grandes coleccionistas de arte de nuestro país y por su calidad singular, algún día, su obra y su nombre se inscribirán en lugar merecido, señero en la plástica nicaragüense.

Nos complace rendir homenaje a este gran artista recientemente fallecido hablándoles ahora de Bodegón de la luna, una obra bella y misteriosa, pintada al óleo por Níger Medina en diciembre de 1982.

Hay un juego de perspectiva construido a partir de una mesa cuyo borde aparece en un primer plano, y toda ella se va como en un punto de fuga, dinámico, original y audaz, elevarse por obra y gracia de los rayos de la luna o por un fenómeno de abducción en un volcán, que además llora por virtuosa veladura una gigantesca lágrima que también es una pera si lo frutal convocamos.. Después del primer plano del borde de la mesa se halla un cuchillo de mesa de plata, cuyos detalles del mango están finamente pintados y en su argentina hoja se perciben luces y sombras, el brillo y lo opaco, más una pátina que sólo el tiempo y el uso pueden conferir a este objeto en absoluta correspondencia con una sub-luna curva y deteriorada, que derrama parte de la luz pero no goza del brillo del cuchillo, hija de la luz de una luna que está cenital fuera del cuadro.

Entre el cuchillo y la luna, en el centro del cuadro sobre un mantel lácteo con hilachas levantiscas, pliegues y acantilados, sobresale una sensual caracola hermafrodita.

Una bellísima caracola realizada en suaves matices pastel, unos tonos beiges en transición al rosáceo. Una formación calcárea, la casa del caracol, que es vulva, nalga femenina pero también una poderosa imagen pénica yaciendo acurrucada al fondo de ella. Un frío vaso congelado más ocre que blanco genera su frío aura a su alrededor. Un vaso para la láctea sed de la luna deseosa del vino del estío. Los pliegues del mantel, acaracolados, cavernosos y sensuales, conducen a unas frutas raras.

Tres frutas ocré (café y ocre) de taxonomía vegetal desconocida, pero cuyos sentido nebulosa estriba entre el tomate, la naranja con cortes de tapitas para chupar o un zapote pelón. Luego unas especies de peras, en verdé (verde y ocre). Frutas que sólo la luna conoce y disfruta

En el piélago de pliegues del mantel lunar, encontramos a la diestra de las frutas, un tarro metálico, un paniquín, una galletera olvidada. A la izquierda de las frutas una columna que asciende y parte el cuadro con simetría implacable, pero hecha de hojas como si de un barquillo se tratara.

Todo el cuadro está sometido a una lluvia láctea, seminal y porosa. Una textura particular, casi sello de un período muy significativo en la obra de nuestro pintor y que opera como símbolo de la carcoma del espacio por el tiempo.

Este soberbio bodegón de Níger Medina, es toda una obra maestra de nuestra plástica, que sólo la luna y el espectador conjurados pueden disfrutar.


Managua, 25 de mayo de 2007.


viernes, 1 de agosto de 2014

ESCUELA NACIONAL DE BELLAS ARTES. Exposición Octubre. 1968.

MARÍA ISABEL Y EL ARTE. En: Extra semanal, No. 65. 2 de Noviembre de 1969.

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De los Editores del Blogspot:


Desde 1969 han transcurrido 45 años desde la Primera Exposición que realizó en Nicaragua la entonces, recién graduada artista María Isabel Cardenal Caldera. En esa fecha contaba con 23 años de edad. Sobre la artista y sus primeras obras sobrevino el paso imparable del tiempo, de ese acumulado pueden localizarse algunas referencias, en el libro Antología de la Pintura Nicaragüense de Jorge Eduardo Arellano, y otra breve pero interesante mención, desde la perspectiva genealógica y artística, elaborada por Norman Caldera Cardenal, en el artículo “Un retrato de Peñalba para la Isa”, publicado en la Revista de Temas Nicaragüenses No. 67. Seguimos en nuestro resuelto propósito de emerger y juntar historias, necesarias para entender nuestro desarrollo en los diversos ámbitos de las Artes. Esperamos y desde ya agradecemos los comentarios y sugerencias. 

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110 PIEZAS EN UNA EXPOSICIÓN SINGULAR


 
María Isabel Cardenal tiene 23 años, cuatro de los cuales los pasó estudiando pintura en Wisconsin, EE. UU., de Norteamérica.

Allá en los Estados Unidos sus trabajos han tenido una resonancia singular, traducida en la masiva venta que de sus obras hizo cuando hubo de exponerlas a la consideración de los críticos y el público.

Su primera Exposición personal en su Nicaragua natal la ha realizado la semana pasada en Bellas Artes y la misma constituyó el acontecimiento pictórico de la semana. Más de 140 piezas, entre pinturas, impresiones y cerámica dejo ver esta muchacha espigada y culta que desde su infancia abrazó el arte cuya principal característica –observando sus trabajos—, está constituida por la cantidad de recursos técnicos que conoce, a pesar de los cuales, siempre da una grata sensación de ingenuidad, de espontaneidad y de capacidad creadora.

Esa técnica la desliza ella sobre colores suaves, dando una cierta sensación de tranquilidad, sin brusquedad, obteniendo siempre una visión plástica cósmica en toda su obra.
El joven poeta Carlos Alemán Castro fue encargado por EXTRA para hacer a María Isabel la siguiente entrevista.

PRIMERO EL INSTITNTO

CAC: --¿Qué te hizo decidirte para estudiar pintura?

MIC: --Desde pequeña tenía el instinto de darme en expresiones plásticas. Siempre sentí el deseo de crear, de pintar. Puedo decir que la pintura me arrastra.

CAC: --¿Cuál es para ti el punto, el momento de iluminación, o más bien cómo te llega ese momento que te hace producir la obra, el proceso creador…?

MIC. –Son cosas que llegan de repente ¿cuándo me viene eso? No sé. A veces puedo pasar dos meses en un cuadro y noto que le falta algo, hasta que llega ese momento en que uno se ilumina y se aclara todo en la obra. A veces el mismo boceto de la idea. También me gusta trabajar en la soledad.

CAC: --¿Esto de trabajar sola… por qué?

MIC: --Me siento más dueña de mí misma cuando estoy sola, con mayor seguridad, tal vez hasta con un fondo musical. Me gusta también trabajar de noche.

CAC: --¿Crees que de alguna manera te pueden influenciar el ambiente, las gentes, las páginas rojas de los periódicos o incluso los editoriales de “La Prensa”?

MIC: --Yo creo que definitivamente el medio ambiente es determinante. Lo más seguro es que se produzca una obra de acuerdo al medio en que se vive. Yo me inspiro principalmente en la naturaleza.

CAC: --El mensaje en la obra de arte es importante. ¿Cuál es el tuyo? ¿Crees que es necesario ese mensaje?

MIC: --Cuando uno pinta siempre es para decir algo, dar una expresión. Cuando veo una pintura, lo que busco no es el mensaje, sino la composición, el color. A veces el mensaje que uno percibe, no es precisamente el que el pintor quiere dar.

CAC: --¿La variedad de técnicas es enorme. Ve desde el grabado, cerámica, tallado en madera, etcétera… ¿cuál es la forma en que te das más? O sea, ¿qué sentís proyectar más cosas de vos?


MIC: --En cerámica, es la que más gusto me da hacerla y en la que siento menos frustración. El proceso que me procura menos preocupaciones. En la pintura me da mucha satisfacción, pero en el proceso de hacer un cuadro paso por más de dolor. Tengo más preocupación para producir un buen óleo; se pasa más trabajo que para producir una buena pieza de cerámica.

LOS GRABADOS

CAC: --Una de las cosas que a mi juicio veo más interesantes es la parte de las grabaciones (sic), donde yo creo que hay más logros. ¿Qué opinas de mi punto de vista?

MIC: --Yo creo que en la impresión una puede producir mayor cantidad y conseguir más variedad. Con un proceso de “silk creen” –(maya de seda)—, no puedo adquirir los mismos efectos de un óleo, pero lo hago con mayor facilidad.

CAC: --Te veo influencias de Paul Klee. Personalmente creo que es la mejor influencia que puede tener un pintor, sobre todo por las posibilidades de creación que abre. ¿No lo crees así?

MIC: --A Paul Klee no lo he estudiado muy a fondo. Sólo he estudiado un par de libros, he visto unas cuantas reproducciones de sus impresiones. Creo que tiene una línea muy decorativa y con mucha fuerza y o en algunas de ellas me he inspirado. También en su pintura tiene una gran fantasía y una magnífica combinación de colores y en mi óleo “Mamá”, con su influencia y mi técnica creo que realizo algo especial.

La mayoría de los cuadros y en general de las obras presentadas por María Isabel fueron adquiridas la misma noche que la Exposición se abrió al público. En Bellas Artes, en los últimos meses, la actividad es algo notorio. 1969 es probable que sea un año exitoso para nuestra máxima casa de estudios artísticos. Sobre eso hablaremos en una próxima edición.

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MEDINA: UNA EXPOSICIÓN Y UNA TÉCNICA. Por: Félix Navarrete. En: Extra semanal, No. 63. 19 de Octubre de 1969.

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El pasado día viernes 10 de los corrientes, se inauguró en la Escuela Nacional de Bellas Artes, la exposición de dibujos y pinturas del joven pintor nicaragüense Efrén Medina. Medina, valioso elemento de nuestra novel generación de pintores destaca por su técnica y por el dominio del colorido. La mayoría del público asistente a la Escuela Nacional de Bellas Artes estuvo de acuerdo al afirmar que “Medina” era mucho mejor dibujante que pintor”. Efectivamente, si bien es cierto que las pinturas de Medina sufren actualmente un proceso de búsqueda, también es cierto que los dibujos de éste han encontrado un sentido realmente positivo sumado a una técnica precisa. Radiografía, Muchacha, Joven Guerrillero para mencionar sólo tres, son los dibujos que atestiguan la anterior aseveración.

En la pintura, Medina es pobre. Sus cuadros carecen de la vitalidad y el movimiento necesarios para determinar en ellos una técnica pictórica. Medina no tiene escuela. Tiene su concepto sobre el arte, según sus palabras que acompañan la invitación. Dice que “el arte no es una panacea para curar males síquicos, calmar tensiones, elevar el espíritu, depurar las costumbres, vínculo de lo sagrado y otras pendejeras inventadas a través el tiempo para explicar esa necesidad casi biológica del hombre para expresarse”.

Es de hacer notar el poco apoyo que la empresa privada y otras instituciones prestan a nuestros jóvenes artistas. La exposición de Medina fue producto del tesón y la buena voluntad de él  y de unos cuantos amigos que acompañaron el entusiasmo de “una exposición”. Una gran mayoría de las exposiciones en nuestra patria se hacen de este modo. Sin apoyo de ninguna clase.


Nuestros jóvenes pintores necesitan a toda costa una institución ya sea esta gubernamental o privada que les apoye en su búsqueda perenne y permanente de su testamento. “El arte –dice Medina— es testamento y testimonio del hombre”. En esa fe le creemos y en esa fe le acompañamos.