jueves, 7 de agosto de 2014

LA PRIMERA EXPOSICIÓN PERSONAL DE ÓSCAR RODRÍGUEZ LA SUGERENTE NATURALEZA DE ÓSCAR RODRÍGUEZ. En: Barricada, 28 de Noviembre de 1987.

UMBRAL DEL ARTE NICARAGÜENSE

“Perfiles de la naturaleza”, una visión sugerente del joven artista Óscar Rodríguez, se exhibe en la Galería Fernando Gordillo de Managua, hasta el próximo ocho de diciembre.

Plena de colores y luces, planos contrastes, rostros, frutas y aves, ésta constituye la primera exposición y venta individual de este pintor de 28 años. “He representado personajes, frutas –detalla Rodríguez—. Las frutas han sido tratadas como el elemento principal, en algunos casos distorsionadas y no de forma realista”. También ha tratado la evolución de los personajes y su relación con la naturaleza, a través de la silueta de la mujer-fruto.

“Perfiles…” reúne 25 obras realizadas a lo largo del año sobre el mismo tema e incluye otras dos realizadas en años anteriores.

Su producción de 1987, no obstante, duplica esa cifra, pero algunas de sus obras han sido incluidas en muestras colectivas de pintores nicaragüenses, y se exhiben en el extranjero. Para esta exposición, refiere Óscar, “comencé a prepararme desde Diciembre del año pasado”. Y aun cuando ésta pueda considerarse su primera exhibición personal, sus cuadros ya han sido colgados en galerías de México, Japón, Brasil, Cuba, China y Estados Unidos.

Fue precisamente en este último país donde Rodríguez realizó la serigrafía Sandino Vive, ganadora en julio pasado del Primer Premio en Gráfica del VII Certamen Nacional de Artes Plásticas.

Además de pintor, a él se le reconoce como una de las promesas de la gráfica en Nicaragua y ha sido señalado por Luis Morales como “el primer artista” de esta técnica en el país. Graduado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 1979, Rodríguez imparte actualmente clases de dibujo y gráfica a los estudiantes de tercero, cuarto y quinto curso.


También realiza un estudio sobre la Gráfica en Nicaragua, al tiempo que trata de introducir a sus alumnos en el estudio de esta técnica, la mayoría de los cuales se especializan en pintura, dibujo o escultura, y en menor grado en esta disciplina. 

lunes, 4 de agosto de 2014

Hasta las cucarachas le sirven ESCULTOR DA FORMA A LOS DESPERDICIOS. Por: Edwin Sánchez. En: El Nuevo Diario, sábado 9 de Mayo de 1987.


Los cauces, los buses y objetos abandonados en la calles son la materia prima para hacer obras siniestras.

José Aparicio se sale de lo estrictamente bello, para dirigirse a lo que antes nadie se ocupó: lo espectral.

El cuadro es terrible, pero sólo ha salido de la imaginación de José Aparicio Artola. Vemos ese “Día Después” de la hecatombe nuclear, pero son desechos de cualquier cosa, organizados según la creatividad del escultor, hasta detallarnos esos momentos en que la cucaracha, muy triunfal camina sobre los restos de la humanidad y  la fauna.

José Aparicio es profesor de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, pero como todos los otros artistas, tampoco puede vivir de su arte. Esa “enfermedad” de la escasez que lo vive todo el mundo, también lo sufren los escultores con la diferencia que estos últimos aprovechan desde bujías, clavos, tuercas, hasta cucarachas muertas para hacer lo que él denomina “abstraccionismo figurativo”.

Pero en sus diferentes creaciones parece dominar lo opuesto a la belleza, porque según afirmó, “aquí te salís de lo ello para darle vida a lo que nadie antes se ocupó de tomarlo en cuenta”.



EXTRACCIÓN POPULAR

Su indumentaria no es muy diferente a la de cualquier trabajador que  se asoma al Mercado Oriental. Tiene manchas de pintura aún en sus manos y carece de la boina y bigotes puntiagudos con que a menudo se suele caricaturizar a los escultores. Habla pero siempre “pegado a sus obras”, es decir mientras conversa muestra sus esculturas que confunden al mejor profano.

LO QUE PUEDE DECIR

Lo que él no puede decirlo por otro medio, lo dice –y muy bien— en las figuras que recuerdan a Giacometti, en esas esculturas difusas, algunas mortecinas que muestran el reverso de la vida siempre latente.

Si hay una historia para la hecatombe nuclear también hay para la mujer, su trabajo y el trabajo de mantener la vida de sus niños sin el auxilio del hombre.  Esa obra, pequeña, muestra a la mujer sosteniendo un motete, la mano en alto y las pequeñas figuras infantiles. El artista no incluyó al hombre porque en la vida real las madres pobres no tienen hombres.

¿Qué hace José Aparicio para ganarse la vida? Ofrece clases de escultura en la Escuela y tiene que recurrir frecuentemente a ese tipo de arte al que está más acostumbrada la gente: la artesanía. Y vende sus creaciones. Al final, toda esta actividad para ganarse la vida le deja sólo el fin de semana para entregarse “al arte por el arte”.

EXPOSICIÓN

Vemos lo que este hombre ha hecho y dice que pronto, en este mes montará su primera exposición personal, junto con la pintora María Gallo. Le preguntamos si gustarán sus producciones y él responde sin ningún rodeo, lleno de naturalidad, que “se trata de introducir una cultura nicaragüense para que la gene no sólo se aferre a la europea, al clasicismo académico”.

Las limitaciones materiales le podrán cerrar las puertas al arte tradicional, pero nunca dejará que la mente del artista abra otras puertas para introducirse en otros derroteros imaginarios a José Aparicio bajando a un cauce y recogiendo unos desperdicios para su próxima obra, mientras en otra parte del mundo el escultor recorre tiendas específicas donde puede fabricar sus maravillas.

María Gallo le ayudó a recolectar desechos de talleres de mecánica y ahora todos esos materiales –varillas, placas de acero y hasta una tenaza vieja— ofrecen la forma de un perro “sarroso”.

IDEAS EN EL SUELO

Las ideas están en la calles, en el suelo, en los cauces y en los buses, “yo las recojo y doy  forma”. Ahí están en los pedazos de madera. “Yo los tomo y los vuelvo a la realidad”. Es la observación –aquí no hay imitaciones— una de las puntas de lanza de su trabajo con las formas.


“Intimidades” tiene una intención para el autor pero hay muchas más en los ojos del visitante. Para él es un hombre que al llegar a su casa después del trabajo se relaja… para otro podría ser uno de los tantos judíos en uno de los campos de concentración del fascismo.
Y así, recorriendo el pequeño cuarto, contemplando lo que las “manos de la imaginación pueden hacer, llegamos a un cuartito donde vemos “Revolución Industrial”, otra extraña forma de perfil elaborada con hierro, con especies de bisagras en su parte trasera y un eje de bicicleta en el centro. La escultura termina con un chispero de vehículo y  una interrogación de parte del observador.


LA VERDAD

La versión de “La Verdad” de José Aparicio es un poco más convencional en medio de ese caos de la forma: es un huevo –tal vez de avestruz— de la cual surge una mano que empuña una linterna roja. Habrán muchas interpretaciones, pero eso ya será parte de la verdad de cada quien.

La próxima exposición de este hombre sin duda será muy interesante. Siempre lo será mientras José Aparicio por ejemplo encuentre motivos en los rostros de la gente que viaja en los bues de la capital. En otro cuarto, donde guarda sus creaciones, incluidas pinturas que causan cierto surrealismo, hay obras que “exhalan miedo”.


“El anciano y el joven”, ambos con cabezas de bujía pero el del primero lleno de clavos de tres pulgadas, la “vida a tuto”. Miramos hacia otro lado y vemos “Tu conciencia”. Esa producción que no deja de ser siniestra, nació de una vieja camisa que el artista ya no usaba. Ahora representa la conciencia de un mundo que peligrosamente se acerca a este trabajo.

Iniciado en esta disciplina artística en 1974, el artista se queja que no hay instituciones “amantes” del arte. Hace falta materiales; en los organismos encargados dicen que sí pero la ayuda se dirige a otras áreas. ¿Cuánto cuesta traer una piedra de Matagalpa para que el alumno de la Escuela pueda ejercitarse?... Mucho, contesta.

Mientras, José Aparicio recorrerá algún taller, una calle abandonada o se asomará a los cauces para ver qué trajeron las lluvias y qué le dejo a él la imaginación.


ESCUELA DE VERANO Y PINTURA. Por: Alfonso Oviedo Reyes. En: Novedades, 17 de febrero de 1963.


Un paso más en la positiva cultura Patria. Es el aula abierta para jóvenes que no pudieron, por circunstancias ganar sus cursos escolares para adultos cuyas ocupaciones no les permiten la concurrencia regular durante el año lectivo, para el obrero y campesino ya que la época de verano es propicia para el estudio de cursos elementales o normales.

Después de las diferentes asignaturas que se enseñan, están los cursos de oficios y artes que permitan la capacitación para la industria en los diferentes ramos de las artes liberales.

Es realmente alentador ver frente de estos cursos en los ramos de dibujo, de la pintura, el decorado y el anuncio, a un maestro de la calidad del artista César Caracas, egresado de la Escuela de Pintura de Florencia y cuyas capacidades como pintor son bien conocidas en la República. Su entusiasmo por capacitar a la juventud, su dedicación diaria al arte es una religión, es la fe y la esperanza de dar al país la parte espiritual que corresponde a los estados que necesita de artistas también en el empuje de la cultura y el progreso.

Son muchos los alumnos que solicitan al profesor César Caracas y es de ver cuántos muchachos y señoritas manifiestan esa capacidad natural del nicaragüense en los campos del arte.

Como decía, comentamos con el Profesor César Caracas: la verdad es que dibujos, pintar y confeccionar anuncios no es en sí el hecho material de poder hacerlo, es la disciplina adquirida en el ojo, en la mente y en el espíritu que coloca al artista, al que pinta en la condición de saber que el hombre en cualquiera de las profesiones, negocios o bien ocupaciones que necesita pintar, pinta el carpintero, el cerrajero,  el albañil, dibuja el cirujano, el orador, el abogado.

Felicitamos y estimulamos al Profesor Caracas a quien debemos desearle los mejores éxitos en su gran labor. 

domingo, 3 de agosto de 2014

¡Sensacional entrevista con Leoncio Sáenz! Por: Roberto Cuadra. En: Novedades Cultural, domingo 7 de Abril de 1968.


P. –Dicen que eres el mejor pintor nicaragüense, que piensas de esto?

R. —A un artista le es mu y difícil auto-situarse en la escala de los valores, eso sí, está más capacitado para conocer sus limitaciones, por algo existe en él la autocrítica fuerza motriz de su obra.
Me considero solamente un buen aprendiz de pintor a quien le falta mucho por hacer no obstante reconozco que soy muy paciente y esforzado, desgraciadamente otras virtudes no poseo.

P. — ¿Cómo ves el movimiento pictórico en nuestro país?

R. –Bastante fuerza y cohesión puede decaer peligrosamente si los artistas nos olvidamos que en el medio hostil en que vivimos hay que mantener lucha constante y poner heroica resistencia, para no ceder al halago de lo fácil.

La vida de un artista en Nicaragua es tan sólo comparable a los condenados del infierno, olvidados y sin esperanza se aferran tenazmente por salir de la obscuridad a que están sometidos.

Hasta cuándo al artista se le dará el lugar preeminente a que tiene derecho en la sociedad, recibiendo el aprecio y estímulo que por ahora sólo es dado a los asesinos y ladrones, o seguirá siendo un paria miserable como los habitantes del inframundo de Acahualinca.


P. — Decía el Sr. Dino Aranda, pintor nicaragüense, que la galería Praxis y la Escuela Nacional de Bellas Artes son decadentes y tiránicas, ¿es esto cierto?

R. – Es absolutamente cierto. Desde hace algún tiempo hemos vito, con pesar como esas dos entidades culturales adolecen de lamentables errores, sin que hasta la fecha hayan hecho esfuerzo alguno por remediarlos.

Bellas Artes, antes semillero de buenos artistas que hoy prestigian la pintura nacional, hoy es un lugar vacío sin alumnos capacitados y lo que es más grave aún que no hay sobresalientes de quienes se pueda esperar mucho como promesa. Todo esto se debe a la deficiente administración de su director Rodrigo Peñalba, quien en los últimos años ha descuidado la Escuela para atender a sus asuntos particulares, con consiguiente perjuicio para sus alumnos que, desalentados la abandonan lo antes posible para no regresar jamás. Y era el centro preferido por artistas intelectuales poetas y universitarios.

Pero los demás miembros del grupo no estaban conformes, pues propugnaban que la galería fuera un círculo cerrado exclusivo para el grupo, un lugar donde colgar cuadros y  nada más.

Desilusionados Alejandro, Amaru y yo, abandonamos a su suerte. Ahora están solos como ellos querían, la calidad anda por el suelo y el público ahora numeroso hoy brilla por su ausencia.

¡Es una gran lástima! En los 10 años que estuve en esa escuela, he vista pasar cientos de muchachos llenos de ilusiones y lo que es mejor con talento salir decepcionados para perderse irremediablemente para el arte.

Han cuajado muy pocos.

En cuando a que el Sr. Director es tiránico las pruebas son más que evidentes. Empezó creando la cátedra de teatro en ese entonces a cargo del profesor Valessi, joven muy capacitado y con grandes deseos de hacer verdadero teatro, pero he allí como el Sr. Peñalba le dio por interferir, impone su capricho, a su gusto y antojo, lo que provocó altercados, que a la postre terminaron con la supresión de dicha cátedra. Igual destino le toco al Ballet quien al poco tiempo también se separó.

Mejor se hubiera contentando con mantener las cátedras ya existentes y darles todo su apoyo que crear otras nuevas, que no rindieron ningún fruto, antes bien ocasionaron fuertes gastos en la ya raquítica economía de la Escuela.

Continúan en pie otras cátedras que son pura ostentación pero que nada positivo han realizado y hasta la fecha no ha salido un solo profesional para que justifique su existencia.

Hace dos años aproximadamente todos los pintores nicaragüenses presionamos a Peñalba para que quitara a dos individuos que él había colocado, el primero por incapacitado y el otro por pedante e indeseable, pero él se negó rotundamente, movido más por la soberbia que por buenos propósitos lo que ocasionó una huelga de sus alumnos con los resultados que ya todos conocemos.

Al poco tiempo los sacó, pero por motivos bastantes bochornosos que aquí no he de mencionar.

Para poner fin a los males de la Escuela se necesita un cambio de Director, quien a mi juicio debe ser un joven dinámico, capacitado y con grandes deseos de trabajar.



Sugiero como posible candidato al pintor Alejandro Aróstegui hoy residente en New York quien posee las cualidades necesarias para ocupar dicho cargo.


En cuanto a Peñalba más le convendría se jubilase y se retirase a una de sus hermosas quintas a pintar en paz.

A Praxis me duele muchísimo criticarla, pues fue obra que ayudé a formar, aunque mi aporte en verdad fue muy modesto. En un principio el grupo marchó muy bien bajo la acertada dirección del notable pintor Alejandro Aróstegui, fue la época cuando la galería y el grupo fueron internacionalmente conocidos y  se alcanzó cierto prestigio. Pero, ¡Ay! para el germen de la cizaña estaba allí en persona de César Antonio Izquierdo miembro del grupo.

Alejandro luchó para que la galería fuese un centro de cultura de alta calidad, abierto generosamente a todas las tendencias, sin distingos de caracteres políticos, étnicos o religiosos, con el sólo propósito de elevar la cultura del país.

La galería mantuvo las exigencias de calidad comparables a las mejores del extranjero, se dictaron conferencias de alto nivel, se organizaron recitales poéticos ilustrados, buenas exposiciones de arte, en fin, había de todo.

P. – ¿Cree Ud. que las organizaciones filantrópicas femeninas han realizado gran labor en pro del Arte?

R. – Como mujeres merecen todo mi respeto. Creo que esas muy estimables damas, llámense de las Mesas Redondas u ochavadas que se pasan la mayor parte del tiempo en los clubes jugando canasta, sólo las considero buenas coleccionistas de pergaminos, medallas, aplausos y elogios mutuos, que mejor labor realizarían si se quedasen en sus respectivos hogares atendiendo los asuntos domésticos y  educando bien a sus hijos que es el lugar que justamente les corresponde.

P. – ¿Quiénes en tu concepto son los mejores pintores nicaragüenses?

R. – Como pintor soy el menos indicado para hacer una justa valoración de mis contemporáneos, además corro el riesgo de zaherir ciertas susceptibilidades, tendría que situarme fuera del espacio y el tiempo y poner la lente de un crítico.

Creo, y esta es una opinión personal, mía, no dogma, que los mejores pintores son sin lugar a dudas Armando Morales y Alejandro Aróstegui.

P. – ¿Quiere Ud. a Matagalpa la “Perla del Septentrión”, o espera que un futuro no muy lejano llegue a ser un gran centro de cultura?

R. – Puntualicemos: En primer lugar, eso de perla no me hace mucha gracia, es la mayor ironía inventada por algún trovador trasnochado, yo la llamaría “Ostra del Septentrión” porque las perlas son la cultura y el arte que una ciudad debe lucir con orgullo. Esa perla no ha nacido todavía.

Quiero a Matagalpa con lástima como se quiere a un perro lleno de sarna, chinches y pulgas. En cuanto a que llegue a tener preeminencia cultural no creo en absoluto. ¿Qué se puede esperar de esos ciudadanos egoístas que cifran su mayor orgullo en la posesión de unas cuantas vacas, unas finquitas de café y tener los bolsillos llenos de plata?

Nada bueno puede esperarse donde los vicios y la corrupción institucionalizados gozan de gran prestigio y en cambio el individualismo es más que una calabaza vacía, sin ideales, mezquino y fatuo.

En los desiertos no crecen rosales solo cardos y serpientes.


P. – Hemos visto en tus murales, influencia de la pintura y escultura precolombina, así como del Arte Rupestre, ¿hasta dónde crees que debe usarse esta influencia?

R. – He tomado como punto de apoyo ciertos elementos estilísticos prehispánicos y algunos conceptos estéticos esenciales que han dado en cierto sentido la estructura esencial de mi obra.

Soy apasionado admirador de nuestro Arte aborigen, porque encuentro en él magia, fuerza de expresión, unidos a un fino sentido de abstracción y de síntesis.

Estoy tratando de saber el secreto de los primitivo y arcaico, que es donde se debe buscar inspiración para hacer un gran Arte; claro está, hurgando en lo profundo, buscando en la superficie se corre el riesgo de hacer arqueología.



SOBRE CERTÁMENES, VENENOS Y MEDIOCRIDAD. Por: Raúl Quintanilla Armijo. En: Ventana, No. 398. Sábado 29 de julio de 1989.


A Ícaro porque hizo lo que quiso

Comienzo por aclarar el título. Hablo de mediocridad en referencia a nuestros certámenes de artes plásticas y no en referencia  a la plástica nacional, ella merece otros adjetivos. Aunque si consideramos los certámenes como la culminación de los esfuerzos de un año de trabajo plástico estaríamos más que jodidos. Pero dichosamente, aunque para muchos no esté claro, los certámenes y la plástica no son la misma cosa. Ni siquiera son la culminación de nada. Son más bien una especie de velada artística con premios en dólares y el garantizado veneno de envidiosos y no ganadores.

Ahora bien, ¿por qué se ha venido dando este fenómeno? Esta falta de prestigio que comienza a rodear nuestro certamen y que en definitiva debería de preocuparnos seriamente. Personalmente creo que hay varios factores involucrados. Primero un problema de actitud ante el certamen mismo. Si bien es cierto que este es una competencia y que en determinadas condiciones las competencias son sanas, nuestro certamen se ha venido tornando cada con menos seriedad. Habrá que recordar que además de ser esa esa especie de termómetro para medir el desarrollo y avance de nuestra plástica, el certamen es también nuestro saludo al aniversario de la Revolución. Un saludo que evidente y lógicamente deberíamos  hacer con lo mejor de nuestra obra. ¿Pero qué es lo que ocurre realmente? El certamen se ve cada vez más como una carrera de todos en contra de todos, como un vulgar concurso casi a nivel de Séptimo Libre. Todos quieren el premio, el Peñalba por supuesto. Y esto en si no tendría nada de malo. El problema está o radica en que el premio no debe ser o no debería de ser el fin único y absoluto, sino más bien debería ser visto como un medio porque optar al mismo deberíamos de prepararnos de la manera más despiadada posible, pero lamentablemente esto no es así. Por otro lado el certamen como competencia debería de concebirse como la confrontación necesaria y sana, estimulante y constructiva entre lo mejor de cada uno de nosotros. Sin embargo, y aquí viene la dolorosa, la realidad es otra y muy distinta. Ni el certamen exige lo mejor, y eso que en esta edición hubo dos secciones de preselección, ni los artistas, y esto es lo más triste, no presentan lo mejor de su obra. No obstante, el nivel de autocrítica es tan pobre o inexistente, que aun así, sin mayores esfuerzos, pretendemos todos y cada uno, ganar el gran premio Rodrigo Peñalba,  y por supuesto si no lo recibimos, comenzamos a vomitar veneno y ácido sobre ganadores, jurados, organizadores y a veces hasta contra los abuelitos y bisabuelitos de los mismos.

En el texto pasado hablé un poco de este producto de la envidia y la mediocridad que afecta de manera sensible la calidad humana y  moral del gremio. No valoré tanto en esa oportunidad este factor que rodea y  casi ahora a nuestro certamen. Hoy, una semana después, pienso que hay que resaltar lo inhumano e indecente de esta actividad “paralela” a nuestro saludo a la Revolución.  Repetir aquí las cosas que se dicen, no solo no bien al caso pues y a todos las saben, sino que también implicaría gozar y ser pare de la decadencia provincial.

Pero si remarco lo asqueroso y  vulgar de esa actividad, y el sentimiento es aún peor al pensar que todo sale del propio gremio, si es que merece ese nombre. Pareciese que la consigna de turno en cada Julio es DESTRUIR. No importa a quién, sólo basta que gane un premio y ya. Yo quiero dirigirme aquí personalmente a Patricia; quiero decirle que considero la elección del jurado, en su caso, acertada, y no sólo eso, también valiente y audaz. De hecho ya ganar el premio implica ganarse el veneno de nuestros “compañeros” y “compañeras”. Y ese veneno es por la espalda. Jamás de frente. Así que no te dejés destruir a pesar de lo doloroso. El jurado fue serio y objetivo. Y  la bola mayor de que el jurado estaba “comprado” se cae por su propio peso. El jurado de este año fue un jurado de prestigio y conocedor. Podrá haberse equivocado en algunas cosas  y decisiones pero nunca, nunca se iba a dejar influenciar por nada ni por nadie.

Pero mejor dejo de hablar de cosas desagradables y malolientes no vaya a ser que me amargue por completo. Quiero retornar a lo de pintar para el certamen. Creo que habrá que reflexionar un poco más acerca de este punto. Se deberá ser más autocrítico con uno mismo; trabajar todo el año y luego escoger lo mejor para el certamen. Es realmente un problema de crítica y autocrítica. El problema eterno de nuestra plástica. De hecho desde Praxis hasta acá la crítica está guardada en el baúl de los recuerdos y la llave nadie la quiere buscar.

Creo que lo más acertado sería suspender los certámenes por lo menos unos dos años. Hacer sencillamente una exposición en saludo al 19. Sin premios, ni menciones, ni veneno. Darnos un tiempo para reflexionar y madurar las cosas un poco.

Todas estas cuestiones, deberían de ventilarse en un foro sobre la plástica nacional. Algo así como lo que están haciendo nuestros teatristas. De nivel y seriedad. Una actitud crítica y autocrítica, donde podamos confrontar nuestros aciertos y nuestros desaciertos. Es sumamente necesario hablar y hablar de frente. Sin miedo y sin ánimos de destrucción y venganza. Creo que el momento es el adecuado.

El certamen en si fue una mala exposición, a pesar de que no quiero generalizar. Pero esto es un problema que se bien dando desde hace unos cuantos años. E insisto, no creo que nuestra plástica sea mediocre. Creo más bien que es una plástica a destiempo, una plástica estancada y falta de oxígeno. El año pasado, en el foro, se habló de plástica concéntrica, encerrada o volcada sobre sí misma. Creo que nos estamos ahogando en tanta repetición y silencio auto-impuesto. Hay que romper el silencio y las barreras de la provincia. Hay que recordar lo que FUE nuestra plástica en la década de los sesenta. "La escuela nicaragüense, decía Marta Traba. Ahora somos la imitación anacrónica de lo que fue la escuela nicaragüense.

Lo primero que tenemos que hacer es quitarnos las máscaras de geniecillos provincianos, que nada significan, ni siquiera a nivel latinoamericano. Aceptar el estado de crisis de nuestra plástica. De hecho no somos los únicos. La plástica mundial entera está en crisis. Aceptemos nuestra crisis y enfrentémosla. Somos demasiado tradicionalistas, demasiado conservadores y más que nada demasiados conformistas.

¿Hace cuántos años estamos haciendo lo mismo? Algunos ya llevan 20 – 25 años pintando lo mismo, y cada vez lo pintan mejor pero a fin de cuentas es lo mismo. No todo el mundo está así, pero la gran mayoría está en la actualidad autoplagiándose, presentando el mismo cuadro una y otra vez y otra vez. ¿Cuánto daño nos ha hecho el mercado del arte? No sé, pero creo que mucho. Y esto se ve no solo en la plástica contemporánea, sino también en la plástica primitivista, o de la mayoría de ellos.

Creo que algo va a suceder, sino estamos jodidos. De hecho la última ruptura de nuestra plástica se dio hace casi 20 años con Praxis.  ¿Por qué sucedió? Habrá que reflexionar sobre el aspecto teórico de ese movimiento. Allí había discusión y crítica, relación entre plástica y literatura, ganas de ser a fin de cuentas.

Hay que volver a sentarse y discutir. Hay que volver a la crítica verdadera y tenaz. Hay que salirse de la provincia ahogante y volcarse al mundo. Tenemos la suficiente energía y capacidad para salir triunfantes de la crisis auto-impuesta a nuestra producción artística, pero claro está, tenemos la siempre posible comodidad de seguir siendo los mismos. Es más fácil.

Crítica crítico


EN TORNO AL CERTAMEN DE TURNO. Por: Raúl Quintanilla Armijo. En: Ventana, No. 397. Sábado, 22 de julio de 1989.


El año pasado no se dijo nada del certamen de plática.

Quiero decir nada de frente pues los comentarios por la espalda corrieron y sobraron. Entonces se mencionaron, entre otras delicias, el asunto de los premios regalados, de los premios inventados, de los conectes oficiales, de los favoritismos del jurado, de los premios sabidos de antemano, etcétera, etcétera.

Además de estos valiosos juicios traperos se calumnió a todos y cada uno de los ganadores, incluida vida sexual, claro está. Por supuesto que nada se habló sobre la calidad de la obra, o sobre la situación de crisis y estancamiento que vive nuestra plástica. Esos son asuntos que nos involucran a todos y entonces mejor ni mencionarlos. Es más cómodo y no hiere nuestro orgullo personal. La provincia es provincia con sus héroes anacrónicos, pero respetables, con los seguidores de los héroes, panegíricos incluidos, con su arte oficial consagrado y condecorado por glorias históricas, como diría mi amiga Sush.

En esa situación, a la cual se suma la ridícula de que diez años no son suficientes para hacer una evaluación, un diagnóstico de nuestra plástica, salir haciendo críticas de frente o comentarios atrevidos está “fuera de lugar”. ¿Quién puede hacerlos? ¿Quién tiene el derecho de criticar? Pues sino es para avalar y ensalzar, mejor que se callen todos. ¿Y quiénes son esos “culitos cagados” que se atreven a abrir el pico en contra de nuestras leyendas consagradas, en contra de nuestra plástica, la mejor de Centro América en los años 60?

Hablar críticamente de la plástica o de cualquier manifestación artística, es estar contra el gremio, es estar detrás de las faldas de la Chayo. Oficializado pero de otra forma. Así que lo ideal sería avalar lo anacrónico, el estancamiento, la falta de oxígeno, el nacionalismo chauvinista y etc., etc.

Pero no hay nel y aún de goma, Donaldo, se puede ver lo mediocre y sin valor. Así que aquí me voy … aah, de nuevo. No contra el gremio. Pues el gremio es el gremio y es justamente hasta ahora que comienza a ser gremio. Antes estaba oficializado, a la “sombra de la Chayo”, como diría Róger. Antes era diferente la cosa  y los señalamientos era justamente los que criticaban a la ASTC-UNAP,  o los que se atrevían a hacer cosas por aparte, como aquella exposición de artistas jóvenes que organizamos Kanton y yo en Credomatic, y por la cual no tildaron de mercenarios del arte, y nos acusaron de haberlos engañado en la misa de “yo pecador” que rezaron los artistas, delante precisamente de la Rosario y Luis Morales. Son cosas que se olvidan fácilmente, pero en fin. A lo que iba es que no estoy en contra del gremio pero tampoco soy ciego, a pesar de la nube.

Suficiente “introito” diría la Berenice, así que sigamos,  y lleguemos  al noveno certamen. Al de ahora. Y lo hago pues ya comenzaron las malas avichuchas a hacer comentarios de pasillos, a verter sus venenos contra los ganadores, a desatar el brillo de la envidia en sus ojillos generalmente opacos.

Después de la justificación del “introito”, le subo el volumen a la CFS-W600 y Dylan, el rival perfecto, comienza a desgarrarse con Congratulations. Y está bien pues realmente creo que hay que congratularnos por este certamen. NO es que sea la gran maravilla. Estamos lejos de eso. Prevalece aún lo mediocre y pobre. Lo tradicional, concéntrico y repetitivo, pero ojo, hay un par de sorpresas agradables y prometedoras.

Los que esperan que comience a alabar los premios, se equivocan, y los que esperan lo contrario también. Que cada quien diga lo quiera y ojalá que no sólo sea en las mesas de tragos. Los premios están bien y están mal. Algunos definitivamente son merecidos y otros sencillamente inexplicables.

Pero una cosa es interesante y significativa de la premiación. En su gran mayoría los premios fueron merecidos por artistas de la nueva generación. El mismo “Rodrigo Peñalba” que tradicionalmente está “asignado de antemano” a algún miembro de Praxis, como reconocimiento histórico-anacrónico-político, fue esta vez ganado por un, quiero decir una joven pintora. Igual el “Vanegas”, y el premio de escultura y el de instalaciones, y el de dibujo. O sea que el jurado supo ver que el destino de nuestra plástica está básicamente en las manos de los artistas jóvenes. Y esto no es restar méritos a quien ya los tiene. Eso sería estúpido. Pero hay estar claros; la mayoría de nuestros “viejos” están cocinando el mismo gallo pinto desde hace 25 años. Que le echen un poquito de chile y que acepten este reto. De nuevo nos veremos las caras todos en el próximo certamen. Y  ojalá que no se duerman en estos laureles pasajeros los ganadores, no vaya a ser que se aparezcan con la misma ensalada el próximo año. Para mí realmente fue reconfortante el papel jugado por los miembros del jurado. Ver nuevas caras, estimular nuevos valores, requiere por su valor y decisión. Y esta vez el jurado lo tuvo.

Por otro lado, habrá que señalar otro factor importante que se dio en ese noveno certamen. Me refiero a la presencia de la escultura. Pareciese que al fin nuestra plástica comienza a diversificarse. Y no es que las esculturas  presentadas estuvieran todas buenas, al contrario, pero ejercieron presión y si se continúa con este trabajo, en un par de años más podremos, tal vez, tener una escuela importante de escultura. Habrá que señalar acá el papel de los compañeros de Granada  que fueron en su mayoría quienes trabajaron en esta disciplina. ¡Ojalá que no se les caiga la tea!

La otra cuestión significativa fue el asunto de las instalaciones. A pesar de la pobreza general de calidad de las mismas, el hecho de incursionar en este campo conceptual ya es valedero. El problema, como siempre, es la impresión de facilismo que las mismas producen en la mayoría de la gente: “Yo puedo hacer eso”.

Fue el comentario más generalizado que yo pude oír. Pero al igual que la escultura ya existe presencia de la instalación en nuestra plástica. Pequeñas insinuaciones de ruptura. Esperanzas o madreculebras, sólo el tiempo nos dirá.

Por último, quería señalar una cosa más que yo sentí en este certamen. Y es el sentimiento de cambio en algunos artistas importantes de nuestra plástica. Es como si estuvieron aceptando el reto de salirse de sus camisas de fuerza, de sus estilos relamidos y bien cotizados.

Probablemente me voy olvidar a alguien, pero qué agradable fue ver las nueva propuestas de Óscar Rodríguez, tanto la del certamen como la de la expo de Costa Rica; o ver los cuadros de Róger Pérez de la Rocha y encontrar una fuerza nueva y vital en ellos; o la obra de David Ocón encaminándose hacia rumbos menos decorativos y más sólidos. (Pero en el caso de David, aún más que díptico  del certamen, me golpearon un par de cuadritos singulares que nos encontramos con Sush en el Molejón. Una total libertad expresiva sumamente bien manejada. Ojalá que los caballitos no dejen de beber agua y que los gallos no dejen de pelear tan pronto).

Casanova con sus esmaltes; la María Gallo con su gráfica, y eso que la pieza eliminada me pareció mucho más lograda que la escogida; Castellón con sus pre-washed; Arthola con sus submundos y Juan Bautista con su neo-gauganismo aportaron novedad  y color a este certamen.

Pero otros siguieron presentando lo mismo de siempre; café recalentado, muy amargo al paladar. Este fue el caso de la sección de primitivismo que me pareció; en esta edición del certamen, sumamente pobre y mal representada.


Para finalizar diré que muchos artistas no participaron y realmente hicieron falta y, por otro lado, , muchos participaron con cuadros expresamente hechos para ganar el “Peñalba” del certamen. Esto último pasa siempre, no hay casi selección personal, y  casi todos pintan para el certamen. Talvez hay que eliminar los premios, aunque, ¿quién sabe? Mejor no. 

EXPOSICIÓN DE GRABADOS Y DIBUJOS DE CARLOS CAÑAS. En: Novedades Cultural. 2 de febrero de 1964.



Dirigida por: Salvador Lacayo / Alex Cadera Escobar

En la noche del Miércoles 29 se inauguró en la Galería Praxis la Exposición de Grabados y Dibujos del famoso pintor salvadoreño Carlos Cañas. Esta inauguración alcanzó una mayor importancia e interés, pues se contaba con la presencia del pintor Cañas, venido expresamente de San Salvador para la inauguración de su obra. El público presente lo formaban en su mayoría jóvenes pintores, poetas e intelectuales, que demostraron gran interés y curiosidad por la obra abstracta de Caña a quien le llovieron preguntas que siempre contestó gustosamente.