NICARAGUA: ARTE Y ARTISTAS PLÁSTICOS EXPUESTOS SOBRE EL LIENZO DE LA HISTORIA
martes, 12 de agosto de 2014
lunes, 11 de agosto de 2014
TENTATIVA DE ESTUDIO SOBRE LA PINTURA DE ARMANDO MORALES. Por: Rubén Cuadra Hidalgo. En: Novedades Cultural, domingo 28 de Enero de 1960.
Se me ha honrado de parte de esta
Universidad con la distinción de haber sido invitado para llevar la palabra en
el presente homenaje de reconocimiento a la destacada labor de ARMANDO MORALES,
nuestro pintor que más renombre ha alcanzado fuera de las fronteras patrias.
He aceptado gustoso tal distinción, pues la
reciente sucesión de triunfos obtenidos por nuestro compatriota en el exterior,
ha llenado mi espíritu de fraternal regocijo.
En lo que voy a decir, no pretendo valorar
con justeza la magnitud de su obra, pues si alcanzo a comprenderla en alguna de
sus aspectos, en otros tantos quizá no pueda percibirla con diafanidad; pero sí
creo poder expresar con sinceridad lo que en su obra para mi conocida, ha
despertado mi emoción, y me ha impulsado desde hace tiempo a verter frases de
admiración hacia ella.
Para ser consecuente con mis convicciones
sobre la pintura en general y mis convicciones sobre el indiscutible valor
pictórico de ARMANDO MORALES, se me hace necesario hacer aquí, siquiera, una
tentativa de estudio sobre lo que conozco de su obra, en relación con lo que sé
de la pintura clásica y moderna a través de reproducciones que he podido
estudiar con detenimiento, y a través de la bibliografía que nos llega del
exterior.
La obra de todo artista cuyo valor sale del
nivel común, es siempre compleja y difícil de analizar; más en el caso de la de
un artista pintor, podemos decir que, por su doble sustancia de arte y oficio, concurren en ella
factores que al parecer dificultan más el análisis. Sin embargo, puede
sintetizarse el resultado de toda obra pictórica en dos elementos constitutivos
básicos: el de la forma y el del color. A la forma también puede
llamársele, dibujo, diseño, contorno o límite, según convenga a la modalidad de
la obra.
En la pintura moderna abstracta, conviene
más usar el término límite, ya que su
expresión bidimensional, en la mayoría de los casos, sin sugerencias siquiera
de volúmenes, está constituida por zonas limitadas de color, ya por medio de
líneas delgadas o gruesas similares a los engarces de plomo de los vitrales; o
bien simplemente por yuxtaposición tonal como sucede en los mosaicos. Pero aquí
conviene advertir que en ocasiones, sobre la superficie colorida, también es
usada la línea pintada o grabada, ora recta, ora ondulada con sentido rítmico,
lo cual constituye más bien un dibujo que un límite.
Un crítico peruano, según palabras del mismo
artista MORALES, dijo que su pintura no era ni figurativa, ni abstracta, sino
“desfigurativa”. En realidad no me consta si esta apreciación fue vertida con
intención deprimente, por lo de la palabra “desfigurativa”. Para mí, desfigurar
en pintura (y así lo entienden muchos pintores modernos), no significa de
ningún modo, algo antiestético, pues si así lo fuera, no habrían desfigurado el
Greco, ni Goya, ni Cézanne, ni Picasso, ni otros tantos maestros. Lo difícil en
desfigurar consiste, aunque parezca paradójico,
en “figurar”, es decir, en crear una forma cuyo resultado sea estético. De modo
pues que el uso de la palabra “figurativa”, como término opuesto a lo abstracto, bastante generalizado para
expresar el contenido naturalista de una pintura, resulta arbitrario, pues tan
figurativo es un cuadro naturalista como un cuadro “abstracto”.
Retrocediendo al punto de partida de estas
explicaciones; al de los ya apuntados elementos básicos de toda obra pictórica,
forma y color, quiero concretarme a
este último en lo que se refiere a la obra de MORALES, ya que en opinión mía,
es el color el elemento más pujantemente desarrollado por nuestro artista en su
pintura.
Verdad que no es posible establecer una
separación tajante entre la forma, dibujo o límite de un cuadro y su
correspondiente color, pues ambos se complementan de tal manera en un ora, que
los caracteres gráficos de los primero, armonizan siempre con los caracteres
que pudiéramos llamar “texturales” de lo segundo. Sin embargo, la separación de
ambas cosas puede efectuarse convencionalmente en lo relativo a nuestro gusto
personal o a nuestra comprensión con respecto a la obra. Un color puede
gustarnos en sí, aunque el dibujo, límite o forma no nos agrade o no alcancemos
a comprenderle. En MORALES pretendo entender su calidad colorística, pero no
alcanzo a discernir con claridad el fin estético de su forma o límite,
principalmente cuando su obra se vuelve más abstracta. Y esto me sucede no sólo
con él, sino con muchos pintores modernos. Hago confesión pública, de ello,
para ser honrado conmigo mismo, porque en muchas ocasiones, verbalmente y por
escrito he expresado mis desavenencias parciales con la pintura abstracta de
hoy. Por eso, entre las obras de ARMANDO MORALES, llegó a gustar más de sus
pinturas tendientes a la objetividad que de las puramente abstractas. Conozco,
por ejemplo, entre las primeras, su bello cuadro “Jaula de Pájaros”, hoy
existen en el Museo de Arte de Houston en Texas. Por su expresión, acorde con
mi sentir, lo analizaré aquí para concretarme a una de sus obras.
Es un cuadro de dimensión grande que
representa como lo indica el título, unos pájaros en una jaula.
Su armonía formal y colorística es
completa. No es la representación de carácter académico-realista, sino la
interpretación libre del espíritu general de una jaula de pájaros. Las cosas o
las formas de las cosas, tienen su espíritu. Ya lo dijo magistralmente Enlie
Faure.
En “Jaula de Pájaros”, ARMANDO MORALES,
como pintor bien dotado que es, traduce con maestría todas las sugerencias de
forma y color que pueden emanar de un grupo de pájaros revoloteando en su
cárcel de hierro; y las manifiesta al espectador en una gama rica de colores
apacibles, pero vibrantes de materia pictórica. No hay estridencias, ni tampoco
desvanecimientos ensordecidos, sino armonías. La pintura, cuando es buena,
siempre es armónica. Aún los artistas de color más exasperado como Van Gogh,
nunca dan un tono disonante. MORALES sabe siempre evitarlo. Creo sinceramente
que la obra citada, habría bastado para consagrarle como verdadero pintor.
Hemos llegado precisamente al punto en que
debo aclarar por qué pretendo comprender
la bondad de su color, y en qué me baso para tal comprensión.
--Pues bien, la exquisitez o belleza del
color de MORALES, creo que deriva de lo que voy a explicar a continuación.
–Veamos—.
Al principio dije que la pintura constituía
un arte y un oficio a la vez; y en verdad, por esa razón, cuando el oficio es
descuidado o no conscientemente realizado, el pintor se queda en la superficie
de su arte. Para darle categoría maestra, necesariamente tiene que ser
concienzudo en el oficio, es decir en la parte plástico-manual de su obra, no solamente en la concepción mental de
ella. Y la parte plástico-manual en una pintura, (la que naturalmente siempre
obedece al dictado del sentimiento y la razón del artista), constituye el
cincuenta por ciento del valor total de la misma. Esto es valedero para toda la
pintura desde sus comienzos en los pueblos civilizados. Los egipcios, en sus
murales, sabían a conciencia su oficio; y lo mismo los aztecas, como los
pintores renacentistas italianos y flamencos. ARMANDO MORALES sabe bien su
oficio.
Cuando Juan Van Eyck, descubrió o perfeccionó
la técnica de pintar al óleo en su tiempo, no hacía otra cosa que profundizar su
oficio de pintor, agregando algo nuevo a la pintura mundial en el campo
plástico-manual.
Y ya que se ha hablado de los flamencos,
tan ricos en materia pictórica; voy a decir que la pintura de ARMANDO MORALES,
lo específicamente material y depurado de su color, tiene mucho de flamenco, y
por demás, de un flamenco afiliado, Jerónimo Bosch (El Bosco).
Se me preguntará quizá, ¿qué relación puede
haber entre el Bosco y MORALES? Pues sépase que por confesión propia de ARMANDO
MORALE, su temática pictórica es la muerte. En “Árbol Espanto” del Museo de
Arte Moderno de Nueva York, y en “Caballo agonizante”, el lenguaje es ese. Y
aquí precisamente uno de los puntos relativos al pintor holandés de formación
flamenca.
Jerónimo Bosch en sus últimos tiempos
también se apasionó por la misma temática pictórica de Morales; y en su obra
“El Martirio de Santa Julia” existente en el palacio del Dux de Venecia, todos
sus colores hablan de la muerte, “dentro de una atmósfera enrarecida”.
El otro punto de contacto ente ARMANDO MORALES
y el Bosco, es la expresión vitriosa (sic) de su empaste colorístico; un
empaste que en el maestro holandés procede de los pintores flamencos, de su
oficio consciente. Y esta conciencia plástica de oficiante, en MORALES se vuelve
básica, se vuelve de rigor. Nada de facilidades y truculencias de receta, sino
disciplina y paciencia. ARMANDO MORALES es un pintor paciente, exigente consigo
mismo.
Eugenio D᾽Ors ha
dicho: “La prisa ha corrompido al mundo. La restauración de la paciencia le
salvará. No en arte sólo. En cualquier aspecto de la civilización, éste es el
mal, éste el remedio. No hay enemigo peor de la Obra Bien Hecha que la
impaciencia: como la paciencia no hay amigo”.
Lo bien hecho de la obra artística de
MORALES, tomando en cuenta por supuesto su vigorosa intuición de pintor, se
apoya grandemente en esa paciencia. Y en el arte plástico de hoy, pocos
participan de esta virtud. La restauración de ella, es la que tarde o temprano
nos llevará a la vitalidad eternal del arte clásico. Porque yo no creo en la
sustentación de la siguiente tesis de
algunos modernos: “el arte de hoy es más profundo que el arte clásico”. Yo
creo, por lo menos en lo que respecta a la pintura, que estamos en un período
gozoso de libertad estética, pero hay que meditar en que el abuso de la
libertad, enerva la vigilancia del espíritu. Y es precisamente el abuso de
libertad estética, el que a mi juicio está matando gran parte de la producción
pictórica de nuestro tiempo.
Estamos en presencia de la proximidad de un
naufragio. Mejor dicho, somos todos probables náufragos. La barca se ha alejado
mucho de la playa salvadora. Los credos estéticos son tantos y tantos los
promulgadores como sus prosélitos, que corremos el riesgo de perder la ruta. Y
sólo podrán permanecer sobre ella, quienes hayan apenas enriquecido el lenguaje
del arte con vocablos nuevos, pero manteniendo inalterable lo sustancial, lo
esencial de la tradición plástica.
He tenido que hacer este paréntesis de
consideraciones, con el fin de reforzar mis manifestaciones de admiración y fe
hacia el valor artístico de la obra de ARMANDO MORALES; porque sus creaciones,
respirando la atmósfera de nuestra época, están dosificadas de belleza “muy
antigua y muy moderna”, lavadas de la escoria de la facilidad, del virtuosismo
superficial, manteniéndose grávidas de calidades plásticas permanentes.
Y en esas calidades que dan vigencia a la
obra de MORALES, ¿de dónde proceden en el período de su formación artística?
Preciso se hace exponer un poco.
MORALES no ha cursado estudios académicos
al modo de otros tantos artistas modernos. Y
aunque sabido es que no son las academias las creadoras de la
personalidad de los artistas, indudablemente ellas ayudan mucho a la formación
de los mismos cuando éstos poseen talento para desembarazarse de lo
innecesario.
Pero en MORALES, uno de sus principales
méritos consiste exactamente en no haber abrevado su técnica más que en la
fuente de un innato espíritu de observación, meditación y disciplina. Y aunque
es justo señalar que su contacto con Rodrigo Peñalba (otro de nuestros pintores
de sólida reputación), en cierto modo le fue saludable, ya que este maestro fue
el principal encausador del joven pintor MORALES hacia los fines de las
tendencias pictóricas contemporáneas; también es justo advertir que ese
contacto en nada tiene que ver con sus posteriores cognoscitivas en la parte
plástico-manual de su arte.
Para terminar, quiero referirme aunque sea
someramente a una de las obras enteramente “abstractas” de ARMANDO MORALES, la
que tuve oportunidad de conocer hace pocos días en Managua. Me intrigó mucho
por la relación con otra obra del gran pintor español, Salvador Dalí.
El motivo que inspiró a MORALES en este
cuadro, es la “Cena” del italiano Sassetta. Ha mantenido en ella el rigor
estructural de lo que pudiésemos llamar el esqueleto de la forma del maestro
cuatrocentista, con lineamientos finos entre una armonía de matices azulados,
rosas y verdosos en sereno equilibrio con tonalidades profundamente oscuras.
Ha creado aquí MORALES una variación más
del clásico tema de la “Cena”. Ha hecho, por decirlo así, con ideograma
diferente, lo que Salvador Dalí con la “Cena” de Leonardo. Y es esto precisamente lo que me intrigó en la
relación. La diferencia conceptiva, la oposición en la manera de las dos versiones;
y sin embargo, la unidad en el fin de traducir a las expresiones de la plástica
contemporánea, el idioma sapiente de los maestros clásicos. Porque así como
ARMANDO MORALEAS mantiene lo que llamé el esqueleto de la forma de Sassetta,
Salvador Dalí en la composición o ritmo (como querráis llamarle) de su obra,
mantiene en potencia la estructura piramidal de Da Vinci en la representación
de los personajes; así como la horizontabilidad
(sic) de la mesa y la dulce quietud del paisaje de fondo, verbalmente y
a través de la ventanas, en una exquisita armonía de tonalidades y con perfecta
conciencia del oficio.
He tenido la satisfacción y a la vez el
honor de haber hecho esta tentativa de estudio (aunque sea con el desaliño que
exige la limitación del tiempo) sobre la pintura de ARMANDO MORALES, cuyo
desarrollo artístico me ha tocado presenciar desde sus comienzos. Y cábeme
también la satisfacción de haber escrito en el año 1952 en la prensa del país,
cuando casi nadie sospechaba sus actuales triunfos, la siguiente frase: “Entre
el grupo asistente a la Escuela de Bellas Artes de Managua, ARMANDO MORALES,
por las calidades exquisitas de su color, está llamado a representar bien a
Nicaragua en el futuro de nuestra pintura”.
Y en la pintura de ARMANDO MORALES, yo
elijo su color.
** Este
trabajo fue publicado en la revista “Cuadernos Universitarios”, No. 16,
publicada por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, Nicaragua.
COMENTARIOS AL SÉPTIMO CERTAMEN NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS. Por: Camilo Minero. En: El Nuevo Diario, 3 de agosto de 1987.
El 15 de julio se inauguró la Exposición
del Certamen Nacional, en Homenaje al VIII Aniversario de la Revolución
Sandinista, en el Teatro Popular “Rubén Darío”, con la participación de 122
artistas. Siendo el evento artístico más importante de lo que va 1987; existe
júbilo entre los artistas y amantes del arte, lo cual constituye un avance
cultural espléndido de la Revolución Popular.
En la muestra no se perciben acentos
pictóricos nuevos de carácter nacional. Nuestros artistas están “enconchados
dentro de las corrientes universalistas”, por cierto ya bastante manidas. Sin
embargo, los premios otorgados estuvieron a la altura de quienes los
merecieron.
No disponemos de espacio suficiente para
comentar todas las obras de la exposición. Nos limitamos a considerar a grandes
rasgos algunas obras, sin prejuicios de no acertar, sino más que todo, dar
aliento para seguir adelante en estas quijotadas del arte.
El cuadro premiado de la pintora
primitivista nacional Hilda Vogl “Nicaragua tierra adentro”, es verdaderamente
una preciosa obra concebida en delicados matices fríos en los tres términos del
paisaje, no omite detalles bien trabajados. Es decir, Hilda mete el pincel
hasta en el último escondrijo con especial interés de que el motivo campestre
obtenga la calidad artística necesaria.
Julio Reyes aparece en este certamen con
dos obras bastante novedosas, de contenido social, diferenciando en cortes de
madera donde plasma temas racionales de guerra en una simbología denunciadora.
Son cuadros interesantes que por primera vez se observan en una exposición en
Nicaragua. Uno de ellos está en soporte tipo “Shapedeanvas”, algo insólito,
pero así es.
Julie Aguirre se mantiene en un
primitivismo de avanzada, en el sentido de superación en temas de hogares
humildes de la ciudad. Como ejemplo, su tríptico “Mujeres”, de pinceladas en
tonos fríos, pero con un encanto de matices planos, sin claroscuros en armonía
total. No emplea colores estridentes ni fuertes contrastes, todo es suave y
melancólico. Interesante es también el piso, por su diseño en ilusión óptica.
Creemos que Hilda y Julie se van apartando poco a poco del primitivismo
propiamente dicho. Queremos decir, que por la técnica pictórica depurada que
emplean, ya están muy cerca del ingenuismo “naif”.
Miguel Ángel Abarca, en sus tallas en alto
relieve y diseño sinuoso, las formas no son grotescas ni clásicas sino
americanas casi primitivas por su origen, pero de un oficio fino de sentido
plástico de los cóncavo y lo convexo. El diseño de Abarca, por el claroscuro
del volumen tiene reminiscencia muy característica de los escultores y
talladores primitivos italianos. Sus tallas sugieren otras formas, además de la
concebida, son selváticas.
“Muchachas en Tiempos del Cólera”, de
Sergio Velásquez, es una pintura elocuente por su creación fantasmagórica, de
sueño matutino. Desde el punto de vista de su imaginación, atrae. Sin trucos ni
efectismo para sorprender está tratada esta obra. Es obra de sinceridad
pictórica. Sus formas y concepción tienen revelación con el cosmos, etéreas,
flotantes en un espacio terrenal. Los colores luminosos a base de turquí,
naranjas y rosas violáceas enriquecen a las muchachas en tiempos del cólera.
Leonel Cerrato presentó un mosaico titulado
“Gentes Cargando”, en gamas frías de los colores del marmolín y otras piedras
naturales. Impresiona la temática de fondo, inspirado en las gentes de las
calle, simples y sencillas. Pero Leonel
las embellece, con su arte: gentes cargando, las describe como un fenómeno
social.
Denis Sándigo García es un joven artista
recién salido de la Escuela N. de Artes Plásticas, que se está destacando con
sus obras de carácter representativo en motivos de la vida real. Sándigo busca
los detalles para darles un modelo de luces
y sombras en contrastes. Por ejemplo, su pintura “Descanso” refleja
muchas inquietudes pictóricas.
Muy importante es la muestra gráfica de
esta exposición, atractiva. Refleja un avance técnico y artístico en general.
No cabe duda que el grabado de caballete y la serigrafía ha alcanzado enorme
relevancia a la altura profesional. Arnoldo Talavera, por ejemplo, ha dado un
salto eficaz en su serigrafía. Es fiel en la técnica y materiales inclusive sus
ideas son sinceras. El mismo Óscar Rodríguez en el grabado, dibujo y serigrafía
es un incansable investigador de la impresión gráfica. A los demás gráficos los
consideramos en el mismo campo, adelantados en estas difíciles técnicas, pero hermosas
e interesantes en el concierto universal del arte.
Para concluir esta cuartilla, queremos
manifestar que nos encantaría mirar otras obras de Damaris Sepúlveda, para
tener ideas más exactas, porque su “Ríos Rojos en la Montaña” es interesante.
Lo mismo diríamos de Juan José Robles y otros más.
Se sacude “el dominio” masculino
MUJERES IRRUMPEN EN LA PINTURA. En: La Prensa, 3 de junio de 1990.
La
reciente inauguración de la Exposición de Artes Plásticas “Por la Paz y el
Desarme”, de 32 pintoras nacionales, ha confirmado un fenómeno interesante: la
violenta irrupción de los pinceles femeninos en la cultura nicaragüense.
Años
atrás, cuando se hablaba de la pintura nicaragüense, generalmente, se
mencionaban nombres masculinos como Rodrigo Peñalba o Róger Pérez de la Rocha.
Sin embargo, hoy la “supremacía masculina” está en entredicho.
![]() |
| JULIE AGUIRRE |
“Mentiría, si afirmara que el lugar que hoy
ocupamos las mujeres artistas, lo logramos fácilmente”, comentó Julie Aguirre,
una de las pintoras expositoras. “Este espacio que hoy compartimos con los
hombres, lo hemos conquistado poco a poco, con la calidad de nuestro trabajo”,
aseguró.
En estos últimos once años, aseguró que, la
participación femenina en las artes plásticas es más numerosa. Aguirre, pintora
primitivista, estima que casi el 60 por ciento de los pintores nacionales ahora
son mujeres.
Sin embargo, los primeros pasos en esta
carrera artística valoran que no fueron fáciles. Las pintoras aseguran que
tuvieron que romper con prejuicios sociales, valores morales y hasta actitudes
machistas de colegas.
“Algunos pintores nos trataron con
paternalismo por ser mujeres”, aseguró Julie. “Nosotras, lo único que
demandábamos era que nos abrieran espacios para mostrar la calidad de nuestras
obras”, agregó.
Sin lugar a dudas, a golpe de perseverancia
y un trabajo tesonero las pintoras nicaragüenses han conquistado un amplio
espacio en las artes plásticas. La misma Exposición en la Galería Praxis así lo
confirma. En ésta hay más de 60 obras de gran calidad, y algunas con temas evidentemente feministas.
ANTECEDENTES DE LA REBELIÓN FEMENINA
Los pinceles femeninos comenzaron a
asomarse tímidamente en los años 50. Entre las precursoras de esta rebelión
“artística-sexual”, las pintoras citan el nombre de Asilia Guillén, que a pesar
de sus 60 años, inició el combate con aires juveniles.
Guillén, originaria de Granada, fue la
primera mujer que logró ubicarse como pintora primitivista, tanto en Nicaragua
como en el extranjero. En los años 50, sus pinturas fueron conocidas en Sao
Paulo, México y Alemania.
Posteriormente, surgieron figuras como
Adela Vargas, Salvadora Enrique, de Río San Juan; y June Beer, pintora
primitivista de la Costa Atlántica.
“En aquella época no valoraban a la mujer
capaz de crear arte, y las pocas que pintaban, pienso que lo hacían por
esnobismo”, expresó Hilda Vogl, pintora primitivista.
Por su parte, la pintora Aguirre recuerda
que en el pasado, las mujeres sólo contaban con la alternativa de aprobar la
secundaria, casarse y luego pasar a ser ama de casa. Aunque sus aspiraciones
fueran otras, las oportunidades eran pocas.
Para las dos pintoras primitivistas, la
Revolución Sandinista fue la que le abrió las puertas a los artistas plásticas,
para desarrollar sus cualidades artísticas.
Las pintoras organizadas en la Unión de
Artistas Plásticos afirman que ahora la mujer ocupa un espacio importante en el
arte nicaragüense, el cual se lo ha ganado con esfuerzo propio.
![]() |
| HILDA VOGL |
“No ha sido fácil, ya que nosotros como
artistas, además de realizar los trabajos de la casa, tenemos que preparar
nuestras obras. Le robamos hora al sueño”, expresó Hilda.
En esta Exposición, al igual que otras
realizadas antes, es notorio que la supremacía en la pintura femenina sigue
siendo la pintura primitiva. Ellas aseguran que se deben a razones objetivas.
“Somos pintoras primitivistas, porque antes
no tuvimos oportunidad de asistir a una escuela de arte, pero queríamos plasmar
nuestros sentimientos de cómo veíamos la naturaleza, las costumbres y a nuestro
pueblo”, explicó Hilda.
“La mayoría somos autodidactas y
primitivistas. A la generación de pintoras jóvenes, la Revolución les dio la
oportunidad de prepararse en Escuela de Artes, y algunas ya sobresalen”, agregó
Vogl.
En los certámenes de la plástica
nicaragüense, que se realizan desde 1981, las artistas mujeres han comenzado a
ganar los principales premios. Algunas, han sido Hilda Vogl, Julie Aguirre,
Patricia Belli, Yelba Ubau, María Gallo y Olga Maradiaga.
Los nombres de las mujeres dueñas de
pinceles y trazos de muchas calidades artísticas, ya resuenan en el extranjero.
La “supremacía masculina”, por lo visto, no es más que un mito.
domingo, 10 de agosto de 2014
MAESTRO MANUEL GARCÍA EN “LA MARSELLAISE”. En: La Prensa, 21 de Marzo de 1990.
El maestro pintor don Manuel García,
originario de Masaya y con 30 años de trazar pinceladas de colores
primitivistas en sus telas, continúa con su taller abierto en el restaurante La
Marsellaise.
Poco común en nuestro medio, La Marsellaise
ha abierto un taller para nuestro pintor Primitivista desde hace varios meses.
En este lugar, García pinta y recibe encargos de pintura de parte de los
visitantes al elegante restaurante de Managua.
El maestro García es heredero de la escuela
del Profesor Rodrigo Peñalba. “En la Escuela de Bella Artes aprendí las
técnicas de los colores, pero el primitivismo es un arte que nace con la
persona”, dijo a La Prensa.
En La Marsellaise hay dos murales pintados
por él, en los cuales se destacan docenas de personajes de la realidad y de la
fantasía popular, tales como Moisés Hassan, Ernesto Cardenal, El Cadejo, La
Muerte, El Borrachito, El Cura, Los enanos cabezones, etc.
Escultor laureado opta por lo revolucionario. En: El Nuevo Diario, 7 de Marzo de 1990.
SARAVIA: ¿POR QUÉ DESTRUIR LO BUENO QUE HOY TENEMOS?
* Son los retos lo que ayudan a vivir
intensamente.
* Habla de una reorganización con sentido
constructivo.
* Hay que intentar la búsqueda, aunque no se llegue a
la meta.
Son los retos que le ayudan a vivir a
Fernando Saravia. Cada etapa de su vida ha estado llena de aspiraciones que,
por la satisfacción de abordar el tema, nos luce que las ha logrado.
Pintor, escultor, jamás se rindió ante las
posibilidades de las formas. Busca, siempre busca y él, encerrado en una
angosta estructura de tablas, donde improvisó para siempre su taller, se ha
convencido que, al final, el que busca, halla.
Inhala el humo del cigarrillo. Lo hace
suavemente en un gesto en el que se advierte las intenciones de fijar mejor lo
que va a decir. Es un artista cuya imagen no tiene nada que ver con la rigidez
protocolaria del viernes 23 de febrero cuando le entregaron la Orden de la
Independencia Cultural Rubén Darío.
Terminaba ahí una etapa más de su carrera.
El inquieto escultor en realidad es un hombre apacible, muy dado a las
observaciones pero vive mucho su hogar. Para él es tan importante dedicarse a
su mundo con todo el rigor que exige la creación como lo es también arrear a
los pollos que picotean una cepa de plátano, a las 10 de la mañana.
Así comenzó la entrevista, con un hombre
preocupado más por el destino del tallo que por revelar algunas interioridades
de su personalidad. A poco, comienza con la aclaración que hacen los artistas:
“La Escuela enseña a desarrollar al hombre… si el hombre tiene capacidad de
desarrollarse”.
CONTRA LAS ACADEMIAS
Compañero de Rodrigo Peñalba, Saravia opina
por una escuela de artes plásticas abierta, en la que los futuros creadores
logren encontrarse a sí mismos, sin imposiciones académicas.
“Hay sistemas de enseñanza que pueden
ilustrar rápidamente a un individuo para que logre alcanzar sus objetivos que
se propone… si tiene capacidad”.
“Debe existir una reorganización con
sentido constructivo. Yo recomiendo que haya una escuela realmente
revolucionaria y no desbaratar lo mucho o poco que tenemos”.
El artista debe renovarse. “Buscar, siempre
buscar” repetirá este mago de las formas. Hay asuntos cotidianos que le
motivarán después de encerrarse en el estudio y expresar su opinión plástica
sobre la realidad de las cosas”. El ojo del creador que “ve” y enseña a “ver” a
los demás lo que estos por sí mismos no pueden.
Aunque admite que ha logrado lo que se ha propuesto
asegura que nunca está satisfecho con lo que ha hecho: “Cuando la persona dejó
de buscar porque ya se encontró, entonces se acabó el individuo”.
Se mantiene firme. No cede. El cansancio
quizás no tenga mucha importancia. “El hombre debe proponerse siempre metas. Si
deja de existir esa necesidad –la meta— caemos en el yoquepierdismo. Será como
sólo vivir para comer, beber y dormir”.
A Saravia eso no le parece. “Si estoy aquí
–en la tierra— es para algo y no sólo para comer y buscar que ponerme. Hay que
buscar siempre una nueva meta”.
Es posible que toda su recompensa se
reduzca a un taller sembrado entre las sombras del patio donde él mismo queda a
merced de sus virtudes de creador, atento a hacer uso de un gratificante
privilegio: comunicarse con el espíritu de las piedras.
“Creo que nada valga tanto como la búsqueda
aunque el individuo nunca llegue a su meta”, dirá el maestro. Y habrá que
creerle.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














