lunes, 28 de julio de 2014

Festival de Arte y Cultura: “LA PINTURA NICARAGÜENSE OCUPA UN LUGAR CIMERO EN EL CONTINENTE. En: Novedades, lunes 10 de Octubre de 1972.


Rodrigo Peñalba, Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, habla con pasión de sus obras, de sus proyectos, de los artistas que salieron de ese crisol de talento y sensibilidad que es la Escuela y se refiere al Festival de Arte y Cultura, en el cual tomará parte destacadísima.

“Hasta el 16 de Noviembre tendremos en los salones de la Escuela una exposición de decoración y diseño, a cargo del Instituto Politécnico de Nicaragua, a base de arreglos para el hogar (cortinas, lámparas, cuadros), artesanía y diseños en general”.

“A continuación ofreceremos simultáneamente una Exposición de Pintura en la que presentaré algunos cuadros muy personales, entre ellos, uno en el que he captado la fina personalidad de la señora Hope de Somoza y los trabajos de diez de alumnos más destacados en la actual promoción.

¿Quiénes serán esos nuevos valores que participarán con usted de la Exposición que se abrirá a partir del 18 de Noviembre próximo?

“Sus nombres deben darse a conocer, de manera que todos vayamos agregando a la lista de nuestras grandes promesas a Noel Flores Castro, Genaro Lugo, Luis Urbina, Carlos Montenegro, Sergio Dávila, Manuel García, Daniel Mayorga, Silvio Bonilla, Alejandro Canales e Iván Bermúdez”.

LA PINTURA NICARAGÜENSE

Al enfocar los niveles del arte y la cultura en Nicaragua, Rodrigo Peñalba no necesita estímulos para su memoria, va haciendo su enfoque con precisión cronológica y resume etapas en las que su espíritu tomó rumbos definitivos:

“La técnica de enseñanza de la Escuela Nacional de Bellas Artes es resultado de un proceso complejo, fruto de experiencias en diversos países”.

“Bien recuerdo cuando llegué a la Academia de Bellas Artes de Roma, matriculándome bajo las enseñanzas de un notable pintor de retratos de la Corte de Italia, con sólido dominio del dibujo y lleno de cultura clásica. Este maestro odiaba cordialmente la pintura moderna”.

“Cuando creí haber captado sus enseñanzas, me matriculé en la clase de un pintor moderno. Este a su vez, odiaba la escuela clásica, olvidándose de que él mismo tenía una sólida formación dentro de ella y que habiendo evolucionado, maduró su técnica hasta llevarla a su estilo de entonces”.
Con deleite y elocuencia, Peñalba pasa lista a sus mejores recuerdos.
“No olvido a numerosos compañeros míos de Europa, buscando a través de años, la libertad que una escuela académica les había cortado. Diego Rivera anunciaba que iba a quemar los museos. Esto lo decía por el daño que pueden hacer a la juventud inexperta, dándoles cánones del pasado como ideales inamovibles y creando academias”.

“Los museos son maravillosos para estudiar en ellos las obras maestras del ayer, pero no deben verse como una expresión definitiva del arte; por bello que éste sea, las formas del arte evolucionarán siempre y serán la expresión del propio tiempo y del propio yo, producto de herencias y de educación”.

“Me propuse entonces, si algún día tenía oportunidad de influir en las generaciones futuras de mi Patria, darles una enseñanza sólida como base, madurando al mismo tiempo su criterio, hasta irlas liberando dentro de las mismas aulas de la Escuela. Esto hacemos en la Escuela de Bellas Artes de Managua”.

“Tales experiencias, puestas en práctica aquí, han dado por resultado la pintura nicaragüense. Pintura que con orgullo, proclamo que figura en lugar cimero entre el Arte del Continente. Estas enseñanzas emanan de esta Escuela de Bellas Artes, y han creado un “clima pictórico”, y en ese clima quien más, quien menos, la mayoría de los pintores nicaragüenses”.

“De Bellas Artes salieron artistas que son prestigios nacionales: Armando Morales, Omar D᾽León, Pérez Carrillo, César Caracas, Noel Flores Castro, Leoncio Sáenz, Guillén, Lugo, Montenegro, Urbina, Dávila, Vanegas, Dino Aranda, Izquierdo, Iván Bermúdez, Canales y otros nombres que se escapan a la memoria y algunos que ya se perfilan como seguros triunfadores.

Inquirimos del Maestro Rodrigo Peñalba algunos datos sobre los jóvenes pintores que lo acompañarán en la Exposición del Festival de Arte y Cultura, y con satisfacción y risueña confianza, nos va dictando los aspectos más sobresalientes de cada uno de ellos.

El viejo maestro de generaciones, ya en su minuto de abuelo, demostrará a partir del 18 de Noviembre sus éxitos en el retrato, el desnudo clásico, el impresionismo y los tonos exaltados.

La lista de la nueva constelación de artistas que estarán junto a él apoyando el Festival de Arte y Cultura auspiciado por el Ministro del Distrito Nacional doctor Luis Valle Olivares la integran:

NOEL FLORES CASTRO: Durante sus estudios en Bellas Artes, se destacó como buen pintor y  escultor, habiendo merecido una Beca en Florencia por espacio de cinco años. A su regreso a Nicaragua fue incorporado como Profesor de Escultura de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Realiza obras escultóricas en metal, sobre todo figuras al desnudo en movimiento y abstracción. En Pintura se inclina por la tendencia informalista, que mantienen un colorido vibrante y pastoso, sin preocuparse por alusiones representativas.

GENARO LUGO: Se distinguió como alumno en Bellas Artes por su delicadeza en el tratado de sus obras, habiendo obtenido el Premio Italia en 1966 en la Exposición Rubén Darío en Bellas Artes.  Su obra ha conservado, desde que se definió como artista, una marcada tendencia hacia lo indígena, en la que se observa un amor por la raza pura y una evocación constante de nuestros antepasados ancestrales.

LUIS URBINA: En su época de estudios en la E.N.B.A., realizó una serie de interesantes naturalezas muertas de tonos profundos y agrisados, que más tarde aplicó en sus creaciones abstractas. Ha mantenido siempre un gusto depurado del color y de los tonos atmosféricos, con lo que logra una sensación de intimidad aún en los temas abstractos. Últimamente se ha inclinado por un sentido más “colorístico” aún dentro de su ambientación “valorista”.

CARLOS MONTENEGRO: Ha sentido más hondamente el Dibujo, en el cual ha desarrollado sus ideas. Sobre todo ha interpretado la figura y el retrato, a través de rostros demacrados de campesinos, ancianas y anormales. Nos presenta una temática con frecuencia trágica y desgarradora, donde domina una atmósfera tétrica y sobria.

SERGIO DÁVILA: Estudió durante cinco años en la Escuela de Bellas Artes, dedicándose luego a llevar a cabo estudios de carácter personal. En estos busca una independencia colorística a través de una fina y poética exaltación de los tonos, particularmente en el paisaje y la abstracción. Actualmente experimenta en nuevas y curiosas formas abstractas, su más libre y personal expresión. Dávila es Director Asistente de la E.N.B.A., y Profesor de Historia del Arte en la misma Escuela desde el año 1970.

MANUEL GARCÍA: Realizó estudios en Bellas Artes, habiendo logrado encontrar, después de varias experiencias su identificación con la pintura primitivista, en la cual nos presenta numerosas escenas folklóricas nacionales con fino colorido y ricos detalles.

DANIEL MAYORGA: Ha experimentado el color impresionista, que más tarde ha interpretado en forma muy personal y con frecuencia arbitraria. En el campo moderno, busca elementos sugestivos y color vibrante, que en ocasiones llega a un cromatismo fuerte.

SILVIO BONILLA: Prefiere sobre todo el uso del color moderado en zonas grises y misteriosas. Fiel estudioso de la naturaleza muerta, intenta sobre todo expresar el valor de las cosas sencillas y la riqueza de los elementos pobres que pasan desapercibidos para muchos. Se ha distinguido por su disciplina y por su constancia en el trabajo del natural, así como por su gusto en interiores.

ALEJANDRO CANALES: Es uno de los más brillantes dibujantes que han pasado por la E.N.B.A., destacándose luego en la interpretación de tipos estilizados en una forma personal. Fino colorista, domina igualmente el dibujo a blanco y negro y  a colores, manejando sus tintas con soltura  y elegancia, obteniendo texturas experimentales atractivas. También domina la pintura al óleo de figuras, haciendo además incursiones en el campo de la abstracción. Uno de los pintores más prolíficos de esta generación.

IVÁN BERMÚDEZ: Juega con formas generalmente esféricas interpretando ambientes llenos de mística sensación de vitrales o de antiguas imágenes abandonadas. Trabaja tanto a tinta en técnica caprichosa y sugerente, como al óleo. Personalidad interesante de artista inquieto siempre e insatisfecho.

RETROSPECTIVA HISTÓRICA: EXPOSICIÓN PERSONAL DEL MAESTRO NOEL FLORES CASTRO, BANCO CENTRAL DE NICARAGUA, 1971.


Con sólo 30 años de edad (nació en Nindirí, el 17 de Noviembre de 1940), NOEL FLORES CASTRO muestra en sus obras la madurez de un verdadero Maestro. La sensibilidad, el movimiento y  la gran plasticidad de sus figuras de chatarra y soldadura hablan por sí mismas y le dan ya desde ahora un sitio en el foro de nuestros grandes artistas. La fuerza y riqueza de expresión de sus cuadros abstractos impresionan.

EL NICA (como sus amigos le llamamos) estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de 1952 a 1958, luego becado por los gobierno de Italia y Nicaragua realizó estudios en la Academia de Bellas Artes de Florencia durante 4 años, graduándose en 1962. Durante ese período hizo viajes de estudio y participó en exposiciones (donde muchos coleccionistas adquirieron sus obras) en las principales ciudades de Europa. En la actualidad ha participado en exposiciones en Nicaragua y Centroamérica.

Muchas son las menciones que se han hecho de Noel en reportajes de diferentes periódicos del mundo, entre sus galardones cuenta la Medalla de Oro en la Exposición de 1958 en Masaya, y el Gran Premio de Primavera en Florencia, Italia, en 1962.

Es miembro fundador del grupo artístico Los Nahoas, y profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Describir con palabras a un artista como Noel Flores es muy difícil, pero para formarnos una imagen de EL NICA, tenemos sus obras; no cabe duda, por él hablan sus obras y dicen muy alto lo que vale EL NICA.
Julio Villa A.
Director de la Escuela de Arquitectura
Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua

                                                         











Nota del Director y de los Editores del Blogspot: 

** Todas las fuentes documentales de este Blogspot pertenecen al Archivo Històrico "Dr. Eduardo Pérez-Valle", cuya puesta en valor está comprendida dentro d Proyecto "Neuronas Creativas de Nicaragua" que dirige Eduardo Pérez-Valle Morales ("Mashiro"). 



                                                          

MANUEL GARCÍA Y EL MUNDO COMO UN TOROVENADO. Por: Julio Valle-Castillo. En: La Prensa, sección Revista. Lunes 18 de Junio de 1990.

En la Fotografía: Manuel "El Indio" García, Julio Valle-Castillo, Luis Morales Alonso, Josefina Guillén, Fidel  Coloma González

Aunque el mejor artista plástico de Masaya ha sido un autor colectivo que se llama Pueblo de alfareros, cesteros, hamaqueros, carpinteros, artesanos, entre la pintura rupestre representada por el mural del Cailagua –tan abstracto como descriptivo o narrativo—, que data de hace más de 500, y la actual pintura primitivista, ingenua o popular –Carlos Marenco, Álvaro Gaitán Luis Alvarado, Thelma Gómez, Marvin Gómez y otros—, existen algunos nombres de pintores originarios de Masaya con distintas significaciones, aportes y grado de importancia en el desarrollo de la plástica nicaragüense: Adolfo León Caldera, Honorato Caldera, Frutos Alegría, Pedro Ortiz, Sofonías Gómez y José María Reyes. Todos ellos participan de la doble fuente académica y popular, tradición retratista del siglo XIX, decoradores, “altareros”, ornamentadores, “teloneros”, imagineros o “santeros” populares, autores de máscaras, grabadores de madera, etc.

Nuestro primer pintor primitivista tenía que ser naturalmente un indígena –la plástica viene en Masaya de su raíz indígena—, un niño del barrio de Monimbó que de la mano de su madre o tras sus pisadas partió un día a la recolección de café en las haciendas de la meseta de Carazo o a las haciendas de Matagalpa y Jinotega y ya no volvió ni a su barrio ni a su ciudad natal. El niño que creció entre la peonada y los promesantes, entre las romerías o peregrinaciones religiosas o laborales, Manuel García Moia, más conocido como “El indio García” (Masaya 13 de Junio de 1939) llegó a parar muy joven a la Escuela Nacional de Bellas Artes y allí, el maestro Rodrigo Peñalba, fundador del moderno movimiento pictórico de Nicaragua, orientador y descubridor de vocaciones y el mismo que había iniciado y valorado desde el primer momento a la abuela bordadora Doña Asilia Guillén, lo estimuló y lo guió hacia el primitivismo. García Moia surgió, pues, en los años sesentas, casi coetáneo, un poco antes, que el otro caso de primitivismo, Doña Adela Vargas de Icaza; pero Manuel García no obtuvo el éxito, incluso careció de nombre –seguramente porque para el mercado y los gustos y las clases dominantes era un indígena—; fama de la cual gozaron Doña Asilia y Doña Adela. García Moia pasó más o menos inadvertido, fue un caso de primitivismo marginal, y, a veces, para poder subsistir, tuvo que dedicarse a otro trabajo: Fue “Clarín” de un cuartel, fue fotógrafo. La vieja Managua lo vio fatigar las calles ofertando sus obras con muy precaria respuesta. Aún en la década de los sesentas, cuando se produce el auge de galerías –Praxis, Tagüe, Expo la Prensa— y de la “Escuela Primitivista de Solentiname”, estuvo a la sombra, como ignorado, pero fiel así mismo. A pesar de su trayectoria, su celebridad nacional e internacional se debe al contexto revolucionario, a la última década que ha vivido Nicaragua: es uno de los primitivistas representativos del actual movimiento primitivista del país. Representativo y uno de los grandes, un verdadero artista, con individualidad, con sello personal, con mundo propio: es el pintor que ha llevado el primitivismo al muro, al muralismo.

Igual a Doña Asilia que para representar al mundo pintaba las isletas en Granada, Manuel García Moia pintaba Masaya. El sólo sabe pintar Masaya. El mundo para él se reduce al paisaje de donde en busca de sustento y trabajo salió en su infancia y no volvió: Masaya, más precisamente, Monimbó. Desde esa región de nostalgia pinta Manuel García, desde allí se divida El Coyotepe y La Barranca, la laguna, el cielo y él se sitúa entre los ranchos, los indios, los animales y los árboles y siempre, invariablemente, en una atmósfera de fiesta. La vida, la ciudad, sus figuras enfiestadas. La vida es una fiesta. Masaya es una sostenida fiesta patronal. El documentó antes que nadie en Nicaragua las fiestas religiosas y civiles, por eso sus multitudes sus masas, son tratadas carnavalescamente. Pinta el “Torovenado” aunque no está pintado el “Torovenado”. De aquí que su paleta sea bullanguera. Rojos, azules, verdes, celestes. Cabe advertir que García Moia está especialmente dotado para las miniaturas: profusión, fineza y gracia. Es un miniaturista, sin embargo, en la década recién pasada se reveló como muralista, se buscó mayores espacios para producir con abundancia y profundizar en su temática. Heredero de aquellos indígenas que grabaron la roca del Cailagua, García Moia es un muralista. El mural primitivista más grande del mundo, es obra suya y refleja “la Lucha de liberación de Monimbó”, Berlín, RDA, 1985, 30 metros de alto x 12 metros de ancho. “El Indio García” muralista y miniaturista, vuelve a su infancia, a sus raíces desde la pintura, entre la melancolía, entre la nostalgia indígena y la épica de su pueblo, que estalla en fiesta, bronca: cohete, ruido y golpe.


LEONEL VANEGAS O: PLANOS PARA UNA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS HEREJES. Por: Pedro León Carvajal (Álter ego de Donaldo Altamirano López). Noviembre de 1996.

Las intentonas, experimentos, ensayos, aventuras de modernización artística, del apostolado laico de Rodrigo Peñalba, en la Escuela Nacional de Bellas Artes, encontraron relevo y continuaciones imprevistas en los miembros de unas pandillas de aprendices juveniles, ansiosos por alardear de rompedores de normas, costumbres y preceptos. Muchachos agresivos, malencarados, además de pobres, dispuestos a mostrar modales bruscos y hacer gala de un vocabulario visual denunciador de la violencia ambiental, preconizador de rebeldías y rupturas.

A uno de esos grupos pertenece Leonel Vanegas.

Porque había junto a otros grupos más dóciles de estudiantes, digamos, algunos que habían resolvido (sic) llevar la contraria a las enseñanzas y métodos de los pintores pedagogos. En uno de esos grupos, fíjese usted en uno flaco, desgreñado y trompudo, ese es Vanegas. Aunque siempre aparece junto a otros, tiene usted razón. Con la diferencia que él siguió la guerra hasta el final. Hasta una semana antes de su muerte que fue la última vez que lo visitamos. Su ámbito de significación trasciende a las intenciones de cualquiera de los grupos a los cuales pudo pertenecer. Muerto aparte. Hay que examinarlo por separado, no encasillarlo en los esquemas de grupo y  generación.

Mientras los otros podrían haber evolucionado de manera más mansa. Apostando a afirmarse en un lenguaje menos bronco, más peinado, más de saco y corbata. Lo que pasa es que uno no dice nada. Y por lo regular estos asuntos no se discuten en las tertulias “cultas” de esta orilla del lago.

Él fue sin discusión alguna el más atrevido de todos los de esa especie de sindicato de buscapleitos que fundaron después, en la avenida Bolívar, algunos exalumnos de la Escuela Nacional. En su evolución personal, junto con las fases cimeras, junto con los períodos de mayor madurez de Vanegas, la pintura nacional alcanza una alta cifra de significación. No contabilizada todavía, recesiva aún en las profundidades indecifradas (sic) de su ser.

Porque las “rupturas” de todo el grupo pudieran leerse también con una lógica de enroque, de emboscada al caballo del rey, de carambola y palo, de fielder choice, y out forzado en home.

“Además”, me argumentará usted: “la ruptura de Vanegas y sus coetáneos se traduce apenas en un traslado entre sistemas de orbitación, en un golpe tardío de brújula, en un desplazamiento tardío de fuentes umbilicales. Las vanguardias europeas de finales de siglo, habían sido todavía novedad en Rodrigo Peñalba. Con Leonel Vanegas y  su combo, en cambio suena un timbre, la información está fluyendo ahora con mayor velocidad. El hervidero mayor de concepciones contemporáneas se ha desplazado a Nueva York”.

Vanegas existe, fuertemente. Vanegas no fue apenas una quimera nuestra. No es que se nos hubiera antojado que existiera uno parte de los otros, inconforme con todo y con todos, huraño en la suma de los otros, rareza de sus señales. Vanegas es un monstruo de cuatro cabezas. Hay un Vanegas mal bozaleado, tromponero, indomesticable, feroz. Un Vanegas incisivo y premolar que rasga y tritura, matarife, cirujano que va despiadadamente a fondo. Donde más le doliera al animal melancólico de la realidad xolotlana. Existe otro Vanegas hermético, retrancado, inexpugnable. Aunque buscando, buscando encuentra uno a un Vanegas dialogador, asimilador, receptivo, pero también argumentador, demostrador paciente. Y  existe siempre otro que se queda callado, que se traba en lucha contra sus tripas, como quien abarca, aprieta y despluma al mismísimo ángel de Jacob.

Pero todos los Vanegas son uno que afirma tercamente una verdad, de su evangelio particular, sin ningún disimulo académico.

Leonel Vanegas irrumpe grosero, cruel, inmisericorde, en las costumbres visuales de las mansas tribus xolotlanas. Estallido de lenguajes inusitados, abstraccionismo, impresionismo abstracto, arte matérico, collage, arte de la pobreza. Opciones que implican renuncia al colorido impresionista, al furor del incipiente tropicalismo. Vanegas asume como regla de silencio una feroz austeridad de color. Inventa las imágenes inaugurales de un estado ánimo básico de nuestra nacionalidad. Un contracolorido tendiente a lo sombrío, a los contrastes más simples y crudos. Pero todo además está regido por una fuerte intuición experimental, de aventura, de ensayo, tentativa. Y por una franca voluntad de ruptura, de reafirmar plásticamente el acta de la independencia de Centroamérica.

En cambio, renuncia a toda una metodología, a todo un sistema de técnicas de ejecución y de expresión. Y arroja por la borda toneladas de sentimentalismo. Lo que pareciera arrastrarlo a él y a sus socios hasta cierto extremismo de signo contrario. En muchos momentos sus pinturas van a arañar unos ápices de perspectiva sombría, tenebrista. Si bien se trata de una oscuridad puramente formal, porque por el contrario el vocabulario esencial de la pintura nicaragüense simplifica en extremo; las significaciones son inusitadas, pero en compensación son no sólo directas, sino impertinentes, conflictivas, incómodas. Apuntan a los flancos flacos de la conciencia social, cuestionan, ponen en entredicho los valores, las sacrosantas costumbres del vecindario.

Su repercusión fue inmediata y efectiva. No que Vanegas influyera apenas en sus compañeros del grupito de la avenida Bolívar ni apenas en otros pintores más alejados de su vecindario, sino que impacta al conjunto. Raja con todo. Su fidelidad a una disciplina plástica de ascetismo feroz, su intransigencia, su anticonvencionalismo, su radicalidad, no pueden menos que impactar a sus colegas de oficio. Su desprendimiento, su franqueza contundente, cortopunzante, afectan el lenguaje de sus contemporáneos. La pintura nicaragüense durante los años de madurez de Vanegas, vive una hora pico de austeridad y ascetismo, de pujanza inaugural, de cruda franqueza, de opción histórica y compromiso social, de consciencia crítica.

Hay mucho de raro en esos espacios visuales, en esas señales orgánicas que Vanegas sembró en el paisaje xolotlano. El dibujo nunca había tenido en esta provincia una elasticidad tan voluntariamente demorada, pero tampoco una lupa tan fuerte y exacta para ampliar un detalle mínimo hasta el umbral de signo capaz de cifrar una significación relativamente total. Tampoco se encuentra en otra parte esa austeridad cromática, esa densidad ambiental de helada paleontología. Nunca tuvimos en ningún otro lugar una zona de equilibrio mejor perfilada entre los reñidoramente contemporáneos y nuestros oscuros resabios tribales… nuestras profundidades ancestrales recesivas. Me parece a mí. El único, el verdadero arqueólogo del inconsciente colectivo entre nosotros ha sido Leonel Vanegas

Bienaventurado sea el invivible, el insufrible, el recalcitrante, el inconsecuente.

Bendito el hereje, sus basílicas invisibles y sus genealogías y parentelas en el espíritu.

                                Escombros y arenales del Xolotlán

                                               Octubre del 96


domingo, 27 de julio de 2014

VANEGAS Y ARÓSTEGUI EXPONEN EN NEW YORK. En: La Prensa, 2 de Marzo de 1969.





Por el teletipo ha llegado la siguiente información: (ARF. 27).- Por Ernesto de la Torre.

Las obras de dos pintores nicaragüenses –Alejandro Aróstegui y Leonel Vanegas— están exhibiéndose ahora conjuntamente en la Galería Zegri de la ciudad de Nueva York (152 East 79 th Street).

La exhibición, que consiste en óleos, collages y dibujos comenzó el once de este mes y terminará el primero de Marzo.

Es importante la escogencia de estos dos pintores para participar en la exhibición de la Galería Zegri porque se quiso presentar a través de ellos un panorama de la joven pintura nicaragüense, que ya ha conquistado aprecio en Estados Unidos por anteriores muestras y sobre todo por la fama de Armando Morales, internacionalmente conocido.


En esta misma Galería ha exhibido Morales, como también otros notables pintores de Latinoamérica como Cueva, Botero, Abularach, etc. 

LA PRIMERA NOTA PERIODÍSTICA SOBRE EL SURGIMIENTO DE LA GALERÍA PRAXIS, JUNIO DE 1963


ABRIRÁN GALERÍA DE ARTE. En: La Prensa. 30 de junio de 1963.

Dos jóvenes pintores Alejandro Aróstegui y César Izquierdo trajeron a LA PRENSA una carta y un manifiesto a propósito de la muy próxima apertura de una galería de pintura que llevará el nombre “PRAXIS”. Además de abrir esta galería de exposiciones, los jóvenes pintores, que al parecer cuentan con otros elementos, anuncian que establecerán ciclos de charlas y conferencias sobre el arte en general y que organizarán cursos de dibujo y pintura.

En la carta explican cómo han planeado el funcionamiento de la Galería PRAXIS, organizando rifas entre patrocinadores y compradores de acciones.

El manifiesto está firmado por “Grupo Praxis” y en el proclaman que van a “servir a la verdad en el arte y en la cultura, esa es en su más profunda y noble significación la razón última de nuestra existencia como grupo y de nuestra actitud ante la pluralidad de acontecimientos que forman nuestra vida y conforman nuestro mundo.  Pero creemos que para servir a la verdad en el arte y en la cultura, antes es necesario servir a la verdad en la vida. Nuestra labor artística o cultual no merece existir si antes no hay una razón vital que la justifique”.


Aún cuando no creemos que el arte necesita justificación alguna nos alegramos del entusiasmo de los jóvenes pintores y esperamos que, además de sus proclamas, realicen obras de arte que es la meta del verdadero pintor puesto que todo pasa, ya sea Babilonia, ya sea Florencia, ya sea Nínive, ya sea Nueva York, ya sean las Cavernas, ya sea la era espacial y lo que queda es ESO imperecedero y misterioso de la obra lograda, que a través del tiempo, de las teorías de los manifiestos y de las escuelas se llama ARTE. 

EDITH GRON. En: Novedades Cultural. Domingo 26 de Noviembre de 1961. Pág. 14.


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PRESENTACIÓN


Edith Gron –ha dicho Ildo Sol exclusivamente para Novedades—, ha logrado –la primera en la Historia Universal de la Escultura—, concreta expresión escultórica de la incorporeidad de la Luz, que a fantásticas velocidades viaja en el Éter invisible por razón de su peso físico –pues la Luz es materia y tiene peso—. Y no sólo ha logrado la expresión de la incorporeidad material de la Luz, sino que también fijó su universal simbología que cifra a través de todas las edades la Sabiduría humana, en lo material-intelectual, y la encarnación simbólica del Espíritu Divino de Dios, en lo religioso-metafísico. Para su Ambición, hacerla posible aprovechó Edith Gron un hermoso tronco de guayacán de nuestras selvas nicaragüenses, utilizando del guayacán el contraste violento de dos bellas vetas de color: blanco-amarillo-marfil, —como chorro de luz en banda ondulante que envuelve una Cruz en su ámbito; —y negra-claro-penumbra— sombra espacial, contrastante y complementaria, en que con indeclinable angustia y angustiantes, se advierten con expresividad agónica las Tres Cruces del Calvario, como sombras –proyectivas de la Luz—, como sombras de la Cruz bañada en Luz simbolizante de la unidad de lo universo.


Y aun logra más Edith Gro non esta obra: resuelve el conflicto técnico que plantea el RELIEVE como secuencia de la PINTURA, pues ejecuta su obra en el cilindro del tronco de guayacán, y así el RELIEVE en un sólido circular alcanza y proclama –y solamente en proyectivas de la Luz de Edith Gron—, la dignidad de la ESCULTURA, que ese por principio técnico y por definición estética un cuerpo de acción y funcionalidad de tiempo y de espacio”.

“Por eso puede afirmarse que con Proyectiva de la Luz, Edith Gron nos formula una resolución, irrecusable y rotunda por evidente, de la teoría artística que concibe el RELIEVE como un lazo de unión o un paso entre la PUNTURA y la Escultura”.


“Proyectivas de la Luz, lo ilustra Edith Gron con una estrofa del poco sabido y no muy bien comprendido poema CAMINOS de Rubén Darío, cuya dimensión escultural de su poesía nos está revelando Edith Gron”. Con positivo orgullo ofrecemos ahora esta plana, con algunas de las obras maestras de nuestra máxima escultora, Edith Gron…

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